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san francisco, 800 años después

El convento de San Diego de Salvaterra do Miño

Cuenta la iglesia con una planta de cruz latina, capilla mayor rectangular, y naves laterales sobre las que se dispone una tribuna que amplia el coro ubicado a los pies, sobre la puerta principal

Convento de Canedo - FOTO: José Manuel García Iglesias
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Convento de Canedo - FOTO: José Manuel García Iglesias

JOSÉ MANUEL GARCÍA IGLESIAS  | 18.01.2015 
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Es García Sarmiento de Sotomayor y Noroña, IV señor del Sobroso y de Salvatierra,  quien toma la decisión de fundar, en Salvaterra de Miño,  un convento franciscano. Su temprana muerte hará que sea su hijo, Diego de Sotomayor y Mendoza, quien la ponga en marcha en 1603. Tiempo después, por 1613, el rey Felipe III le otorgará a éste el título de conde de Salvatierra.

No será en el espacio amurallado en donde se levante este convento sino en sus inmediaciones. Su advocación a San Diego se vincula, pues, al nombre de su fundador y sabemos, por el Padre Castro, que “…después de perfeccionado vivieron en él hasta catorze Religiosos Recoletos. Fue muy venerado, y frecuentado de ambos Reynos, Galicia y Portugal, principalmente por aver en la Iglesia una primorosa Imagen de San Antonio de Padua, por quien obrava Nuestro Señor innumerables milagros”.

De esta obra tan solo conocemos el contrato, fechado en 1612, con Benito de Arce y Pedro González, encargándose ambos de la construcción. En 1641 los portugueses toman esta plaza fuerte y será entonces cuando se desmorone este convento; tanto es así que “… la piedra la aprovecharon para reforçar las murallas de la Plaza que por poco tiempo tuvieron en su poder”. De este modo concluye esta historia franciscana que no llegó a perdurar, desde su inicio,  cuarenta años.

EL CONVENTO DE SAN DIEGO DE CANEDO
Será  el V Conde de Salvatierra, José Francisco de Sotomayor y Velasco (1681-1725),  quien va a ceder el palacio que tenía en tierras de las estribaciones del Picaraña, en San Miguel de Canedo (Ponteareas),  para que, en tal lugar,  se levantase  un nuevo centro franciscano, “… imitando en ello a sus Soberanos Progenitores, como consta del Convento que se destruyó en Salvatierra…”. En el mismo texto, publicado en 1722, se nos dice que “…Vase prosiguiendo en la obra, y se espera con el favor de su Excelencia verse perficionada como lo desea”..

Es, realmente, en 1715 cuando, tras la cesión,  se inician unas obras costeadas, en ese momento, por el conde quien acuerda con los frailes una serie de condiciones. Así se contemplaba que habrían de aparecer los escudos de los Sarmiento en lo que se construyese con su patrocinio. También se planteó que “… Debajo del presbiterio se ha de hacer una bóveda con puerta y escalera y en ella se enterrarían solamente los Patronos sus mujeres y sus hijos con 12 sepulturas al menos”, algo que no llegó a concretarse. Además se contemplaba, entonces, tanto que el conde y su familia contarían con un espacio propio para asistir al culto y que el conde tenía una estancia en el convento. Por otra parte los frailes asumían que fuese ésta casa de Noviciado y que contase con cátedra de Artes o de Teología.

En cualquier caso, en esta cesión de 1715,  se constata la alta disponibilidad del conde a favor de esta obra, dado su compromiso con la fábrica de la iglesia, sacristía, convento y hasta torre, así como de costear campanas, retablos, imágenes…,  además de conceder una pensión anual, de 100 ducados, al convento.

Cuenta la iglesia con una planta de cruz latina, capilla mayor rectangular, y naves laterales sobre las que se dispone una tribuna que amplia el coro ubicado a los pies, sobre la puerta principal. Esas naves laterales se abren a la central por medio de arcadas que, al igual que en la iglesia del convento de San Antonio de Tui – con la que cabe establecer más de un paralelismo-,  tienen su correspondencia en la tribuna de la parte superior. La realización en Canedo es, sin embargo, mucho más lenta. En este caso hay una inscripción, en el primer arco de la bóveda, que dice:  “1773B” (endito).  Y en el tercero otra apunta: “B SEA JHS Y VIN LOS BN HECHOº 1775”.

Y también aquí,  como en el templo franciscano de Tui, se centra el crucero con una cúpula montada sobre pechinas. En ese mismo crucero se disponía, a cada lado, una puerta: la del lado del evangelio llevaba a la sacristía; la de la epístola, en tanto, estaba abierta al exterior y era la dispuesta para que, por ella, accediese el conde. También hay un acceso al convento desde la nave lateral del lado de la epístola.

No deja de tener, también,  paralelismos la fachada de este templo con la de los franciscanos de Tui, sobre todo en lo que se refiere al modo de entender tanto la puerta como la hornacina – en este caso ocupada por San Diego de Alcalá-, y hasta la ventana del coro, encima, así como en la disposición, en el lado del evangelio -inmediato a los demás espacios conventuales-, de la torre campanario. Sin, embargo, en este caso, se disponen aquí hasta tres espacios heráldicos, todos ellos, en distintas alturas, en la parte central. El que está sobre el dintel de la puerta nos presenta las armas de los Sarmiento y Sotomayor, timbradas con corona ducal, algo inapropiado ya que la única aproximación a esa grado de nobleza lo tiene el marido de la VI Condesa de Salvaterra, y marquesa del Sobroso, Ana Sarmiento de Córdoba, por su matrimonio con Vicente Fernández de Córdoba y Spínola, hijo e Nicolás María Fernández de Córdoba y Figueroa, X duque de Medinaceli, IX duque de Feria.

Sobre la hornacina de San Diego, en tanto, puede verse un segundo escudo que nos muestra las cinco cruces, uno de los que utiliza el mundo franciscano y que se relaciona con la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén; la elección del motivo de este escudo, y no de otro franciscano, quizá haya que relacionarse con la documentada presencia de la Orden del Temple en estas tierras de lo que, de este modo, parecen sentirse continuadores los frailes. Y sobre la ventana, en la parte más alta, hay un tercer espacio heráldico, que ha quedado sin tallar, timbrado, en este caso, con una corona condal; posiblemente esto se deba a una escasa relación de los condes, en este momento de obra, con esta fundación, lo que se explica, en cierto modo, con la inscripción que puede leerse, en parte, en el lateral del lado de la epístola de esta misma portada y en la que se dice: “UN DEVOTO DIO UNA BUENA LIMOSNA PARA PERSI…”.

Está documentado, por otra parte, que, antes de la exclaustración contaba con seis altares, con sus correspondientes retablos. Eran éstos: “El mayor, de cantería a la romana, con crucifijo, las efigies de Santo Domingo, la del Patriarca, con su crucifijo en la mano, la de la Purísima, la de San Diego, y el Niño Jesús…Altar y retablo de la Purísima Concepción de cantería a la romana: los Patriarcas San José, Santo Domingo, San francisco y San Antonio, todos de talla mejor…El altar de San Antonio, de cantería a la romana, Imagen de San Antonio en un camerín con puerta de cristal,  San Benito de Palermo y San Mauro…El altar y retablo de la Dolorosa, de cantería a la romana, En su retablo está colocada su  imagen todo de cristales… El altar y retablo del Santísimo Cristo denominado Altar de Animas, de cantería a la romana y en su retablo está colocada su devota imagen; El altar y retablo de la V.O. de penitencia con la efigie del Santo Patriarca” Esta enumeración nos permite ver como los retablos pertenecen  a un mismo estilo, a identificar como neoclásico, y que se presentan en ellos, en la mayoría de los casos, devociones propias de la Orden. También constan en el inventario, entre otros  bienes, la existencia de un coro, con 28 asientos, y de un crucifijo, en la balaustrada de dicho coro.Se citan, además, ocho confesionarios.

Una buena  parte de los bienes de este templo se iban a distribuir, entre 1840 y 1850, por algunas de las iglesias cercanas, por disposición del obispo Francisco García Casarrubios y Melgar (1826-1855). Así, entre lo repartido, cabe citar aquí como   la parroquial de Ponteareas recibe, en  1842, la imagen de San Antonio de Padua;  y, en  1848, el altar mayor. Irán, en tanto, a la iglesia  San Pedro de Angoares, el altar de san Antonio, San Benito de Palermo, San Pedro Telmo, y San Mauro. Y a la parroquia de San Pedro Felix de Lougares,  la Virgen de los Dolores, en 1848. En tanto,  la feligresía de  San Miguel de Cequelinos, en 1849, se hará con  el altar de los Dolores.

De este modo  van a quedar, únicamente, en la iglesia conventual,  el altar del Cristo, el de la Tercera Orden de la Penitencia y el de la Purísima. Y será, en buena medida, el culto – y, sobre todo, la fiesta- del Cristo de los Afligidos, el Cristo de Canedo, quien mantenga este templo dado que, por ello, la Comisión de fiestas del Santo Cristo, en 1883, por ejemplo, repara el tejado.

La vuelta de los franciscanos a Canedo va a suponer un nuevo periodo, a partir de 1893; parece ser que el párroco de Ponteareas, Francisco Javier Pimentel Chapela, propició este regreso. Es ahora cuando, perdido el retablo mayor, se va a separar el altar del testero para abrir ahí una puerta que da paso a una nueva sacristía. Será, una vez más,  Fr. Manuel Fernández – con quehaceres importantes, también, en los conventos de Santiago y Lugo- quien se haga cargo de acometer diferentes obras, concretamente en los altares de San Francisco, la Inmaculada y el arco que se le añade al mayor. Además es éste el momento en el que se tapian las puertas del crucero, a la antigua sacristía y hacia el exterior.  Debía, entonces, estar en malas condiciones la balaustrada de la tribuna ya que se opta por sustituirla por otra, en este caso, de madera que se completa con una celosía.

En cualquier caso lo único que va a perdurar de un tiempo anterior, en lo que a la imaginería se refiere, va a ser el Cristo de los Afligidos. Será a partir de los años sesenta, y principios de los setenta, del pasado siglo, cuando el templo adquiera la forma con que lo conocemos. Así se explica la sustitución de la balaustrada de las tribunas por otra, muy sencilla, en piedra y, también, la elevación que se le otorga, no solo al espacio del presbiterio sino al inmediato, en los laterales del crucero, accediéndose a todo ello por una escalera y disponiendo el espacio del sagrario, ya en el crucero, en el lado de la epístola. También son de este momento las hornacinas que se disponen en los laterales del crucero; en la del lado del evangelio se sitúa una imagen de la Inmaculada – DONACIÓN DEL MATRIMONIO/ D. RAMÓN FERRO DÍAZ- Dª GLORIA UCHA IGLESIAS/ JUNIO 2004 ; la  de la otra parte la ocupa un San Francisco – en la peana dice “Recuerdo de Dª Francisca Castellonzuelo”-.

Un monumental Crucificado preside la Capilla mayor. Es obra realizada, a principios de los años setenta,  por el escultor Alfonso Sanmartín Abelleira, a quien se le deberán, también, los cruceiros promovidos, desde  los años sesenta,  por la  Fundación Ruta Xacobea del Mar de Arousa e Ulla. Además quienes vivieron en este convento por aquellos años guardan memoria de Manuel y Ramón Extramundi en las obras, por entonces, acometidas.

En el repertorio cultual actual de este templo no faltan, tampoco, las imágenes de San José,  San Diego de Alcalá, San Antonio y San Benito de Palermo. También han de citarse los temas que se nos muestran en sus vidrieras: el Cristo de San Damián, San Diego de Alcalá, San Francisco predicando a las aves, San Antonio, un escudo de la Orden y, además, la Bendición a Fray León

El espacio conventual se dispone en el lateral del lado del evangelio, con respecto a la iglesia, y, también, como en Tui, su fachada principal se encuentra alineada con la del templo presentando su puerta,  en este caso, en arco de medio punto, al otro lado del campanario. Se debe de construir con posterioridad a aquella y se ha de aprovechar, en parte, el material constructivo del palacio anteriormente ubicado en este mismo lugar. Tiene, en su forma primera, una planta cuadrangular, con tres alturas,  y mostrando, hacia el exterior, un escudo que presenta, duplicadas, las armas de los Sarmiento y de los Sotomayor y que, en este caso, no aparece timbrado por corona alguna; posiblemente haya de ponerse en relación con el palacio anteriormente aquí ubicado, algo que, también, explica la forma en arco que da ingreso al actual convento y que bien puede ser reaprovechada.

Ilustra, a la hora de conocer la capacidad del convento, antes de la exclaustración, el dato que, en 1753, aporta el Catastro del Marqués de Ensenada; nos dice que contaba con 19 frailes y 4 legos; por cierto una cantidad muy similar al del citado número de sillas, 28, de las que disponía el coro.  Las datas de 1783 y 1784, que pueden verse inscritas en el claustro, hacen alusión a su tiempo de construcción,  aún cuando, con el tiempo,  ha sido muy reformulado, y ampliado –con una nueva ala-,  a finales del siglo XIX, con la vuelta de los frailes.  Antes de que esto sucediese pasó el convento a manos particulares y volvería a ser propiedad de la Provincia de Santiago al ser adquirido, en 1895, tras haber sido ofrecido a los franciscanos por su propietario, Severo Pesqueiras, en 1893 -año en que se celebra el 500 aniversario de la fundación de la villa de Ponteareas - . La ampliación se justifica por el hecho de que se traslada aquí, desde Louro, el Coristado y aquí permanecerá hasta 1915. En su distribución actual prima la existencia de habitaciones, en la parte superior, y de otros espacios para el estudio, en la zona baja. 

LA  VENERABLE ORDEN TERCERA EN CANEDO
Es en 1833, dos años antes, pues de la exclaustración, el momento en que se documenta aquí la presencia de la Orden Tercera que dejará de existir en 1856 y reaparecerá en 1867 solicitando, entonces, la iglesia para celebrar sus cultos. Es en 1896, ya con los franciscanos de nuevo en Canedo, cuando instauran la fiesta de su patrono, San Luis. Mas tarde, por 1908, cuentan con las imágenes tanto de San Luis como de Santa Isabel de Hungría, tras adquirirlas en el taller de Modesto Quilis, en Valencia.

Por lo que se refiere a la denominada fiesta del Cristo de Canedo tiene su importancia más relevante precisamente en los años posteriores a la exclaustración siendo, por ejemplo, muy reconocida  a la altura de 1881. En el siglo XX perderá su relevancia. Se funda aquí la Juventud Antoniana en 1911 y  La Congregación de la Buena Muerte  por 1938.

EL ANTIGUO COLEGIO DE LA DIVINA PASTORA DE PONTEAREAS
Por 1901 habían llegado hasta aquí las religiosas francesas de la Sagrada Familia, con la finalidad de crear una escuela primaria, para niños pobres, y un hospital de beneficencia, finalidades dispuestas por el donante de terreno, Don Félix Rodríguez González; esta presencia remató en 1908. Será en 1910 cuando las Religiosas terciarias franciscanas se hagan cargo de la enseñanza infantil y le otorgan a su centro  el nombre de Colegio de  la Divina Pastora; lo llegarán a ampliar por los años sesenta. Esta presencia franciscana concluye en 1972 y, en ese mismo año, por iniciativa del obispo de Tui, José Delicado Baeza (1969-1975), el Instituto Secular “Vita et Pax” se hará cargo del mismo hasta el año 2005. Desde  el año 1985 este centro cuenta con la supervisión del Patronato de la Fundación Félix Rodríguez González;  ahora se conoce con  el nombre de Colegio de la Inmaculada.

COLEGIO DE LA VIRGEN DE LA MERCED DE TORTOREOS
La fundación que, a partir de 1912,  las religiosas terciarias franciscanas regentarán en Tortoreos (As Neves) tiene como precedente, en esta misma zona, la hecha en Ponteareas.  Será la marquesa viuda del Pazo de la Merced, Doña Purificación Fontán,  quien cuenta,  en esta cuestión,  con el párroco D. Juan Pérez; tiene como razón de ser la educación de las niñas de esta parroquia.

Previamente se habían realizado ya las instalaciones colegiales que incorporaban, en el centro de su edificación, una capilla neogótica, de pequeño tamaño y con un presbiterio elevado en el que se dispone, a cada  lado, un arcosolio como futuro lugar de enterramiento. El de doña Purificación Fontán de Elduayen se dispondría en el lado del evangelio y el del sacerdote Don Juan Pérez  Martínez, al otro.

Cuenta este pequeño templo con una magnífica cantería, lo que se manifiesta en su abovedamientos, balaustres del comulgatorio y coro alto. También tiene dos vitrales, de la firma Maumejean, con los temas de La Virgen de la Merced y de San Pedro de Nolasco liberando cautivos, en el lado del evangelio, y la estigmatización de San Francisco, al otro; este último es en el que se encuentra la referencia a la casa de vidrieros en cuestión, reseñando, también, su establecimiento en Paris, Madrid y San Sebastián. El que exista una vinculación importante de tales artistas con círculos madrileños lleva a pensar en una autoría foránea para todo este conjunto. Manuel Ortiz de Villajos es el arquitecto que, quizás, se haga cargo del proyecto, habida cuenta de la relación que los hermanos Agustín, fallecido en 1902,  y Manuel Ortiz de Villajos habían tenido con la capilla del panteón familiar de Elduayen, en el cementerio de  Pereiró, en Vigo.

La presencia de la devoción de la Virgen de la Merced se hace también manifiesta al disponerse una imagen suya sobre la fachada principal del edificio. Ello ha de ponerse en relación con el título del marquesado, Pazo de la Merced, a vincular con la casa que Elduayen y su esposa poseían en estas tierras. Por otra parte que se asuma un tema eminentemente franciscano  para una segunda vidriera supone que ya, en el momento del encargo, la marquesa había tomado la decisión de vincular esta obra con alguna de las ramas del franciscanismo.

Por 1944 se establecerá aquí un Noviciado de esta Orden. Tras un periodo en desuso volvió aquí la actividad docente, ahora como Centro de formación profesional  A Cancela.

Epigrafe

González Pérez, C., “ Aproximación a la historia de Ponteareas”, en Piñeiro Groba, M., González Pérez, C., Historia de Puenteareas, Ponteareas, Centro Cultural Municipal de Puenteareas, 1983,

Buján García, J. M., 'Presencia franciscana en la diócesis de Tuy: el convento de San Diego de Canedo', Boletín del Museo Provincial de Lugo, 4 (1988-1989), pp. 163-185.

Paz, I., Historia y presencia (las Franciscanas MM. De la M. del Divino Pastor en Galicia), Santiago de Compostela, Velograf, S. A. 1992.

Iglesias Veiga, M. X., Colexio "La Inmaculada". Cen anos de historia, Ponteareas, Ediciones Alén-Miño, 2010.

http://www.galiciamaxica.eu/Sitios/PONTEVEDRA/ponteareas/canedo.html

http://www.turgalicia.es/fotos/IMAGENES/FLASH/ARQUITECTURARELIGIOSANP/vr_26_canedo/index.html

http://www.conventodecanedo.info/

http://www.efaacancela.com/

http://www.colexioinmaculada.com/

Convento de Canedo

Horario de misas: de lunes a sábado, 19.00 horas. Festivos y domingos, 11.00, 13.00 y 18.00 horas