Galicia

DEA y Policía sospechan que un grupo gallego introdujo 10 toneladas de coca

No fructificó la investigación a la que fue sometido un exhombre de Sito Miñanco// Le relacionaban con la droga que traían los barcos ‘Neameh’ y ‘Spiridon’// Cuando fueron intervenidos en el Atlántico ya habían alijado a otras embarcaciones // Estaban relacionados con la organización del ‘Karar’

  • 26 sep 2020 / 23:46
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Hasta diez toneladas de cocaína pudieron haber sido descargadas por las costas gallegas (o de Portugal) por una organización de narcolancheros de la comarca de Arousa-Salnés, según consta en informes oficiales de la Oficina de la DEA en Madrid y de los efectivos del Greco y Udyco, ambos de la Policía Nacional, destinados en Galicia y del Área Regional de Vigilancia Aduanera. La droga pertenecía al mismo cártel colombiano que realizó el envío de los casi cuatro mil kilos incautados a bordo del Karar el 25 de abril.

De acuerdo con las investigaciones realizadas, la cocaína fue trasladada a bordo de dos barcos dedicados al transporte marítimo de ganado llamados Neameh, con bandera panameña, y FM Spiridon, matriculado en Togo como el Karar. Ambos fueron abordados cuando se acercaban a las costas españolas los días 19 y 24 de mayo, pero antes se habían desviado de su rumbo y, según sospechan los servicios antidroga, alijaron la droga a otras embarcaciones para que la trasladaran a tierra.

Tras la denominada operación Donkey los componentes del Grupo I del Greco Galicia, agentes de la   Udyco y funcionarios de Vigilancia Aduanera recuperaron una investigación activa cuyo principal objetivo era un grupo de lancheros liderado por un histórico narcotraficante, José Andrés B.O., conocido por los alias de Sandokán, Charly o El Barbas, que había trabajado con José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñando, y Daniel Carballo (ya fallecido), y que posteriormente prestaba sus servicios a todo tipo de grupo que quisiera descargar hachís o cocaína en España, tanto en las costas de Galicia como en Andalucía.

Del grupo formaban parte, en distintos niveles y de mayor a menor, J.V.L., M.V.U., R.D.C., J.L.A., S.C.G., A.R.L., R.G.R., y R.G.C; todos ellos vecinos de distintas localidades arousanas o de la zona del Salnés con y sin antecedentes penales por narcotráfico. En las pesquisas se pudo averiguar que tenían escondidas en naves industriales algunas lanchas semirrígidas o planeadoras, con capacidad para navegar hasta las trescientas millas en las que podría llevarse a cabo el alijo de la droga.

Uno de los galpones utilizados, en Catoira, había sido utilizado por Manuel Abal Feijóo, alias Patoco, antes de su fallecimiento en una accidente de tráfico, y que seguía a nombre de un presunto testaferro. Además se detectó que estaban acumulando grandes cantidades de gasóleo para realizar la travesía.

Es decir, el grupo de José Andrés B.O. contaba con toda la infraestructura necesaria para realizar un operativo de semejante calado. Los agentes estaban convencidos de que desarticulado el clan de los Santórum (sus miembros, excepto el líder, Juan Carlos Santórum, estaban encarcelados tras su detención el 28 de abril) solo esta nueva banda podría acometer el encargo del cártel. Revisando los seguimientos y las conversaciones intervenidas descubrieron que en los últimos meses se habían producido intercambios entre las dos organizaciones.

En poder de los efectivos antidroga españoles se encontraba otra alerta de la DEA (ver documento en esta misma página) en la que señalaba que “está llevando una investigación sobre una organización en Colombia que pretende introducir una importante cantidad de cocaína en España en la zona de Galicia”, relataba que la droga iba a enviarse “a través de embarcaciones que salen de Sudamérica con destino a Europa” y que “frente a la Guajira colombiana se les aproximan lanchas con la cocaína y la trasbordan”.

Alertaban que el clan gallego iba a recogerla a unas 300 millas de la costa, recordaba el caso del Karar, apresado unos días antes, y desvelaba que “la organización colombiana va a hacer uso de las embarcaciones llamadas Spiridon y Neameh que están rumbo a España en estos momentos”. “Ambas están cargadas con una importante cantidad de cocaína”, añadía la DEA.

OPERACIÓN EN MARCHA. Realizadas las pertinentes comprobaciones de la singladura de ambos barcos el Juzgado de Instrucción número 3 de Vigo autorizó a que agentes del Greco, Udyco y del SVA en Galicia se desplazaran al buque Bam Meteoro de la Armada Española y al Petrel I de la Agencia Tributaria para realizar los abordajes.

Fue el 19 de mayo cuando se interceptó al Neameh a unas 300 millas de la costa y se trasladó al puerto de Algeciras con 25 tripulantes a bordo junto a una gran cantidad de cabezas de ganado vacuno que viajaban en unas condiciones deplorables, en medio de excrementos y desechos, sin las mínimas condiciones higiénico-sanitarias: las bodegas en las que estaban los animales no habían sido baldeadas ni limpiadas en todo el trayecto, a pesar de los días pasados, según hicieron constar los agentes que estuvieron en su interior.

En el registro no se localizó ninguna sustancia estupefacientes y los perros no pudieron detectar si en algún momento hubo drogas dado el olor nauseabundo que había en el interior del Neameh.

Algo llamó la atención de los investigadores. Cuando le preguntaron al capitán del buque, el filipino Cristopher Oanes de la Cruz, “sobre los motivos por lo que durante la navegación hizo un cambio de rumbo, llegando a estar incluso a la deriva” afirma que “se debió a las inclemencias meteorológicas, para intentar navegar de una manera más cómoda”. En el interrogatorio al segundo de abordo, el paquistaní Hussain Shan, la respuesta fue bien distinta: “el cambio de rumbo se debió a un problema mecánico”.

Los agentes también reseñan, en las actas de registro a las que tuvo acceso EL CORREO, que “la actitud de Hussain en todo momento fue la de dominante ante el resto de la tripulación, incluido el capitán, llamando poderosamente la atención, como este último cada vez que se le hacía cualquier pregunta sobre cuestiones del registro primeramente buscaba la mirada de Hussain para recibir su aprobación”, por lo que deducen de que el paquistaní era el encargado de controlar la cocaína que transportaban.

Cinco día después, el 24 de mayo, el Petrel 1 localizaba y abordaba al FM Spiridon a unas 12 millas de la punta Aserradero en Las Palmas, a donde fue trasladado con sus 27 tripulantes detenidos a la capital canaria. Allí se realiza el registro y, en primer lugar, se localiza en posesión del capitán, un sirio de nombre Hamed Shahout, una nota con las coordenadas a unas 40 millas de la costa de Cartagena (Colombia) donde se produjo la carga de droga.

Los agentes tuvieron que pedir la colaboración de buzos de la Armada para inspeccionar el casco del barco al tener sospechas de que pudiera existir un dispositivo para transportar la droga bajo el agua. No localizaron nada pero si encontraron en una de las bodegas dos depósitos que habían sido sellados recientemente con cemento, que se desprendía con facilidad.

Para poder acceder se necesitó al colaboración de bomberos “con equipos de respiración autónoma dada la atmósfera contaminante” por las mismas razones que en el Neameh: en toda la singladura nadie se había preocupado por limpiar las bodegas-cuadras en las que viajaban animales; más bien al contrario, a los agentes les daba la impresión de que esa forma de proceder formaba parte de una estrategia deliberada para que no quedara rastro de la sustancia estupefaciente.

Los investigadores interrogaron al capitán sobre los motivos por los que el 19 de mayo (coincidiendo con el abordaje del Neameh) permanecieron unas horas a la deriva; Hamed Shahout respondió que tuvieron un problema en uno de los pistones del motor por lo que estuvieron a la deriva, al menos el jefe de máquinas, otro sirio, confirmó su versión.

Al no hallarse la cocaína, las tripulaciones quedaron en libertad y los barcos siguieron hacia Egipto.

MOVIMIENTOS EN TIERRA. Paralelamente a la operación de abordaje del Neameh (el 19 de mayo) los agentes antidroga desplegados en Galicia detectaron, según consta en un informe policial al que tuvo acceso EL CORREO, “cierta actividad en una nave de Cerexeira, en la localidad de Oubiña (Cambados), después de un tiempo sin actividad alguna, tiempo este que viene bien justificado, dado que la organización iba a utilizar para la descarga de las sustancias estupefacientes del Karar otras embarcaciones diferentes a las que tienen en el interior de la referida nave y a las que van a utilizar en estas próximas operaciones”. Uno de los vehículos que estaban bajo vigilancia, un Citroën C· rojo, vinculado a R.B.P. “pasa varias veces por delante de la nave hasta que estaciona delante”. También se detecta la presencia de un Renault Laguna azul que pertenece al sospechoso S.C.G.

Estos dos individuos, siempre de acuerdo con las investigaciones policiales realizadas, llevaban realizando acopio de diversas cantidades de gasóleo, hasta 5.000 litros contabilizaron los agentes, en distintas gasolineras de la zona; combustible que cargaban en una Citroën Jumper, con un depósito portátil con capacidad para cargar un millar de litros.

Al mismo tiempo, se registran movimientos constantes en las instalaciones de la empresa que regenta el principal implicado, J.A.B.O., por lo que se decide la intervención de cuatro terminales que habitualmente utiliza el investigado, curiosamente cada uno de ellos pertenece a una compañía distinta: Movistar, Vodafone, Orange y Yoigo, junto a un teléfono de seguridad de Juan Carlos Santórum que por aquellas fechas estaba huido de la Justicia.

No son los únicos movimientos que hacen pensar a los efectivos antidroga que esta organización prepara toda la infraestructura para acudir a alijar la droga que venía, junto a unas cabezas de ganado desnutrido y en unas condiciones lamentables, a bordo del Neameh y el Spiridon, los dos barcos fletados por el cartel colombiano.

A esa nave del lugar cambadés de Oubiña, durante aquellas jornadas, dos miembros de la banda trasladaron una planeadora de gran tamaño que tenían escondida en un galpón de Catoira, lugar de Muíños de Vento, y que, de acuerdo con el informe policial, “tiene las características precisas para poder acometer una operación de transporte como la concretada con el buque Neameh”.

¿Quién alijó la cocaína que, según las investigaciones de la DEA, venía en los barcos Neameh y Spiridon? ¿Pudieron hacerlo los miembros del grupo que lideraba J.A.B.O., el hombre que trabajó con sito Miñanco y Daniel Carballo y después presto servicios a otros capos?

CONVERSACIONES
El principal investigado sabía que lo vigilaban y limitó sus movimientos y conversaciones
Días antes acudió con el intermediario del cártel a una entidad bancaria y a una notaría en Cambados

Los movimientos registrados en la comarca de Arousa a lo largo del mes de mayo y hasta que se desveló el apresamiento de las dos embarcaciones, llevó a los policías antidroga a sospechar que “estaban en el ajo”. El mismo día que se abordó el primero de los buques de carga, Vigilancia Aduanera detectó a tres personas llegando a la nave propiedad y donde trabaja J.A.B.O.

Una de ellas era S.R.T. , un gallego afincado en Barcelona con antecedentes por narcotráfico, y que realizaba labores de intermediación entre el cártel, el clan arousano y los financiadores de la operación; la segunda, I.B.A., formaba parte del grupo de investigados; y una tercera que no pudo ser identificada.

I.B.A. conducía un Mercedes modelo C oscuro y en la parte trasera viajaban S.R.T. que al apearse resulto ser “un hombre desconocido, de contextura gruesa, estatura media, tez blanca y pelo muy canoso”, según el relato que hicieron los agentes que le vieron en el lugar.

Veinte minutos más tarde, eran sobre las 10.00 horas, los dos primeros se fueron en el Mercedes y después lo hicieron, en un BMW X5-M, el principal sospechoso con la persona no identificada. Se dirigieron al centro de Cambados y, en primer lugar, estuvieron en la sucursal de una entidad bancaria, en la calle Riveira de Fefiñanes, donde permanecieron más de media hora. Posteriormente, se desplazaron a la avenida Galicia y entraron en un edificio en el que hay una Notaría. Los agentes explican en su informe que “se cree que pueden haber estado ahí” aunque no pudieron constatarlo fehacientemente cuando elaboraron el atestado para sus superiores.

A las 11.30 horas, los dos sujetos volvieron a la nave-taller de J.A.B.O, donde estuvieron hasta las 15.20 h, momento en el que el presunto líder de la banda salió a bordo de su BMW y se dirigió a su domicilio.

Allí se quedó el desconocido junto a otras tres personas y se llevaron una lancha deportiva negra, con dos motores fueraborda, tapada con una lona en un remolque arrastrado por un BMW, serie X tipo ranchera.

Manejaban los agentes y la Fiscalía Antidroga datos suficientemente comprometedores que les hacían sospechar que estaban preparándose para recibir la droga del Neameh y el Spiridon.

Eran las primeras horas del 19 de mayo cuando se abordaba el primero de los buques y poco después los cuatro teléfonos intervenidos de J.A.B.O. redujeron su actividad al mínimo.

En el informe de la investigación del 1 de junio, al que tuvo acceso este periódico, en el que se constata el fracaso de la operación policial (ni se localizó la droga ni se pudo detener a los que, según sus sospechas, la alijaron ni a los que inicialmente iban a hacerlo) se puede leer que “J.A.B.O., alias Charly, Sandokán o El Barbas, “era perfecta conocedora de la actuación policial llevada a cabo, motivo por el cual ha extremado sobremanera sus medidas de seguridad en el sentido de realizar una vida totalmente normal y anodina que resalta con lo que se había observado previamente en sus movimientos. Tanto es así que las llamadas telefónicas las ha restringido a su vida personal y familiar”.

¿Por quién se enteró Charly El Barbas que lo estaban investigando? Esa es otra historia.

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