Coalición centrista
Países Bajos apunta a un gobierno en minoría, confrontado a una ultraderecha diversificada
El pacto del liberal Jetten contempla un fuerte incremento del gasto militar, la línea dura en política migratoria y recortes sociales

El líder de D66, Rob Jetten (centro) junto a la del VVD, Dilan Yesilgoz, y el de la CDA, Henri Bontenbal, este viernes durante la coalición que aspira a gobernar Países Bajos. / KOEN VAN WEEL / EFE

El líder liberal Rob Jetten, ganador contra pronóstico de las últimas elecciones legislativas de Países Bajos, presentó este viernes por fin su pacto de coalición con otros dos socios centristas, con los que deberá gobernar en minoría y buscar apoyos puntuales en el fragmentado Parlamento neerlandés. Su pacto contempla un fuerte incremento del gasto militar, cerrar las puertas a la inmigración irregular y recortar costes en sanidad y prestaciones sociales. Tendrá ante sí a una ultraderecha muy diversificada, repartida entre el 'trumpista' PVV de Geert Wilders, un grupo de diputados que se han escindido de ese partido y otras dos formaciones de ese espectro en auge.
El objetivo de Jetten, quien probablemente será el nuevo primer ministro, es limitar la llegada de solicitantes de asilo. Secunda las propuestas de otros países comunitarios para que se gestionen las solicitudes de asilo fuera del territorio de la UE. Y también sigue la línea dominante actual de la UE a favor del rearme, orientado hacia un reforzamiento de la identidad europea y la reducción de la dependencia respecto a Estados Unidos. Se plantea anclar por ley que se destine el 3,5% del PIB a gasto militar.
Los socios de gobierno de su partido, Demócratas 66 (D66), son los liberales de VVD, el partido que lideró el ahora secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y los democristianos de la CDA. Con este equipo sumará 66 escaños del total de 150 de la cámara neerlandesa. Le faltan 10 para lograr la mayoría necesaria. Su línea dura en materia migratoria y de recortes sociales le complicará la búsqueda de apoyo en el bloque entre izquierdistas y ecologistas que dirigió el veterano Frans Timmermanns, retirado tras su derrota electoral. A los abismos ideológicos se suman las trincheras abiertas en la negociación de la coalición, ya que el bloque progresista quedó descartado como potencial aliado por el VVD. Jetten acató el veto, aunque a regañadientes.
Relevo al trumpismo
Jetten se impuso en las elecciones celebradas el pasado octubre aupado por su imagen de líder joven y dinámico, frente al negativismo representado por Wilders. Su D66, un partido al que hasta la recta final ante los comicios no se le daban opciones de ganar, superó por la mínima ventaja al trumpismo del PVV, el partido dominante en la anterior alianza de gobierno. Esa coalición se hundió con la dimisión en bloque de los ministros del PVV, lo que precipitó las elecciones anticipadas.
Wilders confiaba en una nueva victoria en las urnas, pero se vio destronado. Meses después de su derrota, en su partido se ha originado una corriente de disidentes, hartos del histriónico Wilders. El PVV es, formalmente, un partido unipersonal, con Wilders como único representante. Siete de sus diputados han abandonado su grupo parlamentario aunque mantienen su escaño.
Eso abre teóricamente el arco de posibilidades de negociación para los futuros acuerdos puntuales que precisará Jetten. Los diputados disidentes no son menos radicales que el PVV, pero tal vez flexibilicen sus propuestas en aras de un protagonismo que hasta ahora se reservó a Wilders.
Negociación ardua
El pacto de coalición de Jetten lleva por título "Manos a la obra". Efectivamente, es mucho el trabajo que tiene ante sí este político liberal, de 38 años, que fue ministro de Medio Ambiente en el último ejecutivo de Rutte. Ganó las elecciones catapultado por su imagen de renovador, con un programa electoral que prometía luchar contra el gran quebradero de cabeza de los neerlandeses: la escasez de vivienda asequible.
Jetten ha tardado alrededor de tres meses en poder presentar un pacto de coalición y se espera, si nada se tuerce, que su equipo jure sus cargos el próximo 23 de febrero. Este largo periodo de negociación no es algo anómalo en los Países Bajos. El liberal Rutte tardó 299 días en formar su último ejecutivo. Entre la victoria electoral de Wilders, en 2023, y la formación del gobierno liderado por su partido con otros dos socios pasaron ocho meses.
Jetten se lanza así a la aventura de un gobierno en minoría, en un país con el voto muy fragmentado y con la incógnita de qué ocurrirá ahora con el PVV de Wilders. A la escisión de los siete diputados se suma el auge de otros dos partidos del espectro ultra, JA21 y FVD, que en los comicios de octubre crecieron en escaños y votos.
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