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Redes sociales y medios de comunicación

La gamificación y la desinformación: cómo la guerra se transforma en un juego en las redes sociales

Los expertos insisten en que es preciso verificar la información que consumimos

Anas al Sharif, reportero de la cadena catarí Al Jazeera, trabajando en la ciudad de Gaza

Anas al Sharif, reportero de la cadena catarí Al Jazeera, trabajando en la ciudad de Gaza / Efe

Belén Bertonasco

Belén Bertonasco

Santiago

En los conflictos armados contemporáneos, la comunicación se ha convertido en un frente más de batalla. Estados, ejércitos y actores políticos utilizan redes sociales y canales oficiales para construir relatos, influir en la opinión pública y disputar legitimidad. Sin embargo, este uso convive con el trabajo de medios independientes y periodistas que, en muchos casos, actúan como contrapoder.

La guerra de Vietnammarcó un punto de inflexión: fue el último conflicto en el que los periodistas gozaron de una amplia libertad de movimientos. Sus imágenes, difundidas masivamente, influyeron en la opinión pública y contribuyeron a erosionar el apoyo al gobierno estadounidense. A diferencia de Vietnam, en conflictos posteriores como la Guerra del Golfo o Irak, el acceso de los periodistas fue más restringido.

En la actualidad, este escenario se ha transformado con la irrupción de las redes sociales, donde líderes políticos como Volodímir Zelenski, Donald Trump o Binyamín Netanyahu utilizan sus propios canales para comunicarse directamente con la ciudadanía y proyectar su relato del conflicto y demostrar su poderío.

La comunicación bélica

La guerra entre Ucrania y Rusia es uno de los mejores ejemplos de comunicación bélica y Volodomír Zelenski es el gran estratega de este tipo de comunicación.

«Zelenski es un comunicador diferente a los que había habido hasta ahora, porque cada día y cada vez que se pone delante de una cámara lo que hacía es contar y alentar al pueblo. Zelenski convirtió el conflicto en una guerra emocional y transformó la comunicación en un arma de guerra, un arma de guerra fundamental», explica el analista de Comunicación de la Fundación Casaverde Julio García Gómez.

Además, García explica que hay diez aspectos claves de la comunicación de Zelenski: «Consigue, a través de sus mensajes, la cercanía con la gente por la sencillez en la escenografía y los espacios; sus mensajes se centran en lo audiovisual, el vídeo y el audio; el estar sentado en comparecencias le resta comunicación no verbal; se presenta al espectador con una camiseta, lo que le permite demostrar cercanía; se estudia, se graba y practica y se hace ayudar por un equipo de profesionales; controla bien el primer plano, lo que hace la comunicación de tú a tú. Es perseverante en la comunicación con su pueblo por medio de las redes sociales, ya que las maneja él en primera persona; es el maestro de la proximidad por medio de jugar con el tono de voz; mantiene los ojos sobre la cámara y se despega del papel».

La gamificación y la desinformación en la guerra

La gamificación de la guerra es la aplicación de mecánicas, dinámicas y elementos propios de los videojuegos (puntos, recompensas, niveles) en conflictos armados reales para motivar acciones específicas, medir la eficiencia en el combate y gestionar recompensas. Este fenómeno se traduce en una estética cercana a los videojuegos, simplificando la violencia y generando distancia emocional. A su vez, convive con la desinformación, amplificada por redes sociales e inteligencia artificial.

Esta gamificación ha convertido al conflicto armado en Oriente Próximo en la gran guerra de la desinformación. «A través de la gamificación, de la inteligencia artificial (IA), se está jugando un papel muy potente en la comunicación, están dando una imagen que incluso en muchas ocasiones no corresponde a la realidad, porque lo que se está haciendo es que en esta escalada bélica y con el uso de la IA en esas escenas de simuladores de vuelo, con esas fotos descontextualizadas, deban verificarse», señala García Gómez.

Pero también entran en juego las redes sociales. Los vídeos que Donald Trump sube a su red social Truth Social acerca de los bombardeos con canciones como La Macarena (de Los del Río), Bomb Iran (parodia de Vince Vance & the Valiants), Fortunate Son (Creedence Clearwater Revival), Mama Said Knock You Out (LL Cool J) o Danger Zone (de Kenny Loggins) muestran cómo se construye una narrativa que combina entretenimiento, espectáculo y conflicto, acercándose a lógicas propias de la gamificación. Artistas como Kenny Loggins expresaron su rechazo al uso no autorizado de su música en este tipo de vídeos, calificándolo de divisivo.

Es necesario usar filtros o plataformas que nos ayuden a saber si lo que vemos en las redes sociales es realmente verdadero o no. Verifica, de Radio Televisión Española, es una gran herramienta. «Tú metes una noticia o una foto ahí y te dice si esa noticia o esa foto es o no verdadera», explica García Gómez.

También es indispensable recordar la importancia que tiene el trabajo que realizan los reporteros de guerra en los conflictos armados. «Es una información profunda, una información que está contrastada, y que es muy rápida y ágil», explica el experto en comunicación.

«Hay que huir de esas falsas informaciones que hay en la red y en las redes porque hay fuentes muy fiables de canales nacionales e internacionales», asevera García.

Las cuentas oficiales de los Estados en las redes sociales

Con la proliferación de las redes sociales, los Estados y sus líderes han incorporado estos canales como herramientas clave de comunicación en contextos de conflicto. A través de cuentas oficiales, difunden información, fijan posiciones y responden en tiempo real a los acontecimientos.

Sin embargo, este uso también forma parte de la disputa por el relato. «Esto es una forma de construcción de la narrativa del conflicto en tiempo real. Y se está haciendo en esas cuentas reales», explica el experto en estrategias de comunicación.

En este contexto, los mensajes institucionales no solo informan, sino que a veces manipulan en las redes sociales y pueden ser utilizados como arma de guerra porque buscan influir en la opinión pública, tanto a nivel interno como internacional. «El papel que ejerce un país u otro lanzando mensajes es otra forma de hacer la guerra a través de la comunicación, porque ejerce un papel de presión y de miedo ante el pueblo, ante las personas que están en un lado o en otro», apostilla García.

Ante este escenario, los especialistas subrayan la importancia de mantener una mirada crítica y diferenciar entre información, estrategia comunicativa y desinformación.

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