Guerra en Oriente Medio
Ormuz, tregua en el Líbano, uranio enriquecido...: Las difíciles negociaciones entre Irán y EEUU, en 5 claves
Teherán y Washington llegan a las conversaciones de Islamabad de este sábado con posiciones maximalistas y muy alejadas, pero con un Trump que busca una salida al conflicto

Punto de control en Islamabad, donde se ha intensificado la seguridad con motivo de las conversaciones entre EEUU e Irán que deben empezar este sábado. / SOHAIL SHAHZAD / EFE

Las expectativas —y los riesgos— no podrían ser más altos. Con un alto el fuego temporal de dos semanas que aguanta parcialmente a causa de la continuación de la invasión israelí contra el Líbano —las bombas en Irán han callado, eso sí—, EEUU y Teherán llegan este viernes a Islamabad, Pakistán, para celebrar este sábado las primeras negociaciones para acabar con la guerra en Oriente Medio.
El conflicto rompió la antigua mesa de negociaciones nucleares, y fue arrancado por una Israel y EEUU que mataron, por sorpresa líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. Cuatro semanas de guerra y casi 5.000 muertos después, sobre todo en Irán y el Líbano, la diplomacia vuelve al frente. Aunque esta vez, con muchas más complicaciones. A continuación desgranamos las negociaciones en Islamabad, en cinco claves:
A diferencia de las negociaciones de febrero, Irán llega a estas charlas en una posición de una increíble debilidad militar —Teherán ha visto cómo gran parte de su cúpula militar y política ha sido asesinada a discreción durante la guerra— pero habiendo demostrado su capacidad de golpear diariamente, con drones y misiles, no solo a toda Israel, sino a todos los países del Golfo.
La República Islámica tenía un solo objetivo en esta guerra, sobrevivir. Y no solo lo ha conseguido, sino que ha logrado una nueva arma nunca usada que ha demostrado haber forzado al presidente de EEUU, Donald Trump, a frenar y buscar una salida: el cierre del estrecho de Ormuz.
Con el cierre parcial de la vía marítima —por la que transita cerca del 20% del comercio mundial de crudo y gas—, Teherán ha conseguido poner en jaque a toda la economía mundial y encarecer enormemente la guerra, sobre todo para un EEUU que no tenía un objetivo claro en el conflicto.
Trump no ha conseguido un cambio de régimen en la República Islámica, aunque asegure por activa y por pasiva que sí lo ha hecho, y los líderes actuales persas se muestran por ahora nada dispuestos ni a renunciar a su capacidad de controlar Ormuz ni a entregar el uranio enriquecido que Irán posee.
Irán, de hecho, obliga a cualquier carguero que quiera cruzar Ormuz a pasar por aguas territoriales persas y a pedir permiso al Ejército iraní. El Parlamento persa está aprobando una legislación que le permita cobrar peaje —los rumores apuntan a que sería de un dólar por barril de petróleo, y cada petrolero lleva varios millones— a cualquier navío que quiera pasar.
Todos los países del Golfo han puesto el grito en el cielo por ello. EEUU sostiene que Irán prometió abrir Ormuz el martes, cuando se llegó al acuerdo de alto el fuego temporal. El estrecho, sin embargo, sigue sin apenas tráfico.
El estatus de Ormuz es tan solo uno de los puntos de desacuerdo entre Washington y Teherán. Irán asegura que no está dispuesta a entregar su uranio ni renunciar a su programa nuclear. Además, el régimen persa rechaza poner límites a su número y alcance de misiles balísticos, y reclama reparaciones de guerra por los daños sufridos a causa de los bombardeos de Israel y EEUU.
Todas estas posiciones son maximalistas, e increíblemente alejadas de las de Washington, que además reclama que Irán deje de apoyar y financiar a sus milicias afines en la región, entre las que se incluyen Hizbulá en el Líbano, Hamás y la Yihad Islámica en Gaza, los hutíes en Yemen y las Unidades de Movilización Popular (UMP) en Irak. Teherán, por supuesto, asegura no estar dispuesta a cortar sus lazos con estos grupos, que durante décadas han atacado a soldados estadounidenses —y civiles, también— en la región.
Hasta la fecha, el alto el fuego temporal aguanta, aunque pende de un hilo. Según el texto publicado durante la noche del martes por el primer ministro pakistaní, Shebhaz Sharif, Irán se comprometía a abrir Ormuz y el conflicto debía ponerse en pausa en todos los frentes.
Ormuz sigue parcialmente cerrado y a pesar de que las bombas ya no caen en Irán, Israel prosigue con sus ataques a gran escala contra el sur del Líbano y su capital, Beirut. El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, ha asegurado que el alto el fuego no incluye al pequeño país árabe, y que su Ejército "continuará golpeando a Hezbolá tanto como sea necesario".
Varios países de la UE han criticado la decisión israelí, e incluso Irán ha llegado a asegurar que su delegación no se presentará a Islamabad si el Estado hebreo no detiene sus ataques en el Líbano. Hay más: en una supuesta respuesta persa a la continuada ofensiva israelí, Irán ha atacado con drones en los últimos días a sus vecinos del Golfo. Los ataques actuales de Teherán son, sin embargo, de mucha menor intensidad que los de antes del alto el fuego.
En caso de que fracasen las negociaciones, Trump ha asegurado que EEUU golpeará mucho más duro que hasta ahora. Antes del alto el fuego, el estadounidense dio un ultimátum a Irán con el que exigía la apertura del estrecho de Ormuz y, en caso de no hacerlo, amenazó que con "una civilización entera desaparecería". Irán dijo entonces que respondería sumiendo a "toda la región en la oscuridad".
Una reanudación de la guerra dentro de 10 días —cuando termina el alto el fuego temporal— supondría un enorme incremento de los precios del crudo, que se recuperaron esta semana.
Para asegurar las charlas, Turquía —país mediador junto con Pakistán y Egipto— ha pedido una prórroga del alto el fuego. "El mundo tiene que estar alerta y responder a los intentos de Israel de sabotear [las charlas]", declaró este jueves el ministro de Exteriores turco, Hakan Fidan.
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