La salida de Maduro del poder
El diálogo en Venezuela entre Gobierno y oposición despierta expectativas y temores
En los próximos días se reunirán cara a cara representantes del Ejecutivo de Delcy Rodríguez y un sector opositor al cual no pertenece María Corina Machado

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Jorge Rodríguez, habla con la exdiputada opositora Dinorah Figuera. / RONALD PEÑA R. / EFE

El presente venezolano, con todas sus aristas dramáticas, entre ellas las secuelas visibles del doble terremoto, no puede separarse de instantes de ironía política. El "diálogo" entre el Gobierno interino de Delcy Rodríguez y un sector de la oposición comenzó el sábado con un breve diálogo telefónico entre las partes. Los venezolanos todavía interesados en una conversación productiva entre antiguos enemigos se quedaron con las ganas de una información de más sustancia. El encuentro formal es ahora esperado para los próximos días. Este lunes se conoció, sin embargo, el nombre de los integrantes de ambas delegaciones. El presidente de la actual Asamblea Nacional (AN), Jorge Rodríguez, hermano de la mandataria, estará acompañado de la ministra de Educación, Ana María Sanjuán, y el exministro de Exteriores, Jorge Arreaza, y tres jóvenes dirigentes del Partido Socialista Unificado (PSUV). Por parte de la oposición estará Dinorah Figuera, exiliada en España, que reivindica la continuidad de la legislatura de 2015. A su lado se sentarán dirigentes de Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López, y Primero Justicia.
El primer capítulo de este nuevo intento de diálogo contempla una agenda acotada sobre la renovación de los poderes públicos, los partidos políticos que todavía están sometidos a control judicial y las instancias concretas de cooperación. Desde su prisión en EEUU, el propio Nicolás Maduro hizo saber en tono de devoto cristiano que respalda lo que se está haciendo. "Con unión nacional, oración y acción, Venezuela siempre verá grandes logros nacidos del esfuerzo, del diálogo fecundo y de la sabiduría del hombre y la mujer de a pie".
Venezuela tiene un historial de mesas de diálogo que no llevaron a ninguna parte. El último intento tuvo lugar en Barbados, bajo el patrocinio de Noruega y con el asentimiento de la administración de Joe Biden, que, a cambio, permitió la continuidad de las operaciones de la petrolera norteamericana Chevron en el país sudamericano. El acuerdo permitió realizar las primarias presidenciales en las que ganó María Corina Machado. Sin embargo, la dirigente de derechas fue inhabilitada para participar en las elecciones de julio de 2024. Maduro se atribuyó la victoria en las urnas sin que se exhibieran las actas y a partir de entonces comenzó un proceso que derivó en la operación militar norteamericana que el pasado 3 de enero secuestró al entonces presidente. Si en Barbados Biden siguió a la distancia las discusiones, esta vez Washington se dispone a cumplir un papel fundamental en la tarea de acercamiento entre representantes del llamado "rodriguismo" y los sectores alineados con Figuera.
La hoja de ruta de Rubio
El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, decidió que la tercera fase del plan que ha diseñado para Venezuela, la transición institucional, se ciña a una hoja de ruta de la que por el momento quedan excluidas Machado y la Plataforma de Unidad Democrática (PUD). La Premio Nobel reconoció en la noche del domingo por primera vez que existe una "diferencia de tiempos" entre su liderazgo y el de la administración de Donald Trump. "Miembros de la Asamblea Nacional de 2015 y representantes del régimen han anunciado la creación de un mecanismo de cuyo diseño, construcción y funcionamiento, no participamos; por lo tanto, no nos corresponde explicar sus alcances ni sus decisiones", dijo Machado. La líder opositora se comprometió no obstante a no entorpecer la etapa que se abrirá cara a cara en pocos días.
Para los analistas, la distancia que existe entre el grupo de Figuera y los partidos alineados con Machado podría, no obstante, jugar en contra del proceso. Según el politólogo Pablo Rodríguez, existe, a diferencia de 2023 y las frustraciones precedentes, una ventaja importante: "el reconocimiento y el aval que le está dando el Gobierno de EEUU a los diputados convocados en este proceso de diálogo como interlocutores". Dicho respaldo, "está ligado, por supuesto, al hecho de que la AN de 2015 controla los activos del país en el exterior, lo que puede dar piso jurídico a todos los contratos suscritos entre Venezuela y EEUU". María Verónica Torres, otra politóloga, hizo una evaluación similar al portal Efecto Cocuyo. "Lo que ocurra en esa mesa puede facilitar o no el trabajo de Washington en Venezuela. Por primera vez tenemos un actor de fuerza política y militar internacional en medio de las negociaciones". Ambos coinciden en que la mesa de diálogo debería ofrecer resultados tempranos para que gane credibilidad ante la opinión pública. Mientras, Machado se mantiene desde afuera como vigilante del proceso. Las conversaciones, repitió, serán evaluadas según sus "logros concretos y verificables", y estos son "la recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de todos los presos políticos, garantías reales para todos los actores sin exclusiones, un cronograma electoral presidencial oportuno, y el pleno respeto a la soberanía popular".
Las paces con Kast
El antiguo chavismo observa las transformaciones en medio de una perplejidad que a veces despunta en medios alternativos. La "presidenta encargada", en tanto, sigue dando muestras de un sostenido alejamiento del Gobierno anterior. Maduro tuvo muy malas relaciones con el presidente progresista de Chile, Gabriel Boric, quien nunca se privó de criticar al Gobierno venezolano. Rodríguez, en cambio, invitó a José Antonio Kast, el ultraderechista que sucedió a Boric, a dejar atrás los dos años de ruptura diplomática. "Cuenta usted también con una venezolana de bien que está encargada de las relaciones internacionales para que nuestros países sudamericanos marchen juntos en una agenda común, en una agenda de cooperación, en una agenda de amistad". El presidente chileno había anunciado el pasado jueves la reactivación de las relaciones consulares y el "comienzo de una nueva etapa" que debería llevar a la "normalización progresiva" de los vínculos. Kast valoró la "disposición" de Delcy Rodríguez de avanzar en un nuevo diseño de las relaciones que contemplan temas fundamentales para el Gobierno chileno: seguridad, migración y desarrollo económico. De acuerdo con la prensa de Santiago, la Administración de ultraderecha tiene pendiente aplicar más de 75.000 órdenes de expulsión de migrantes sin papeles. La mitad corresponden a venezolanos.
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