Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Ejercicios militares

Tensión entre Seúl y Washington: Trump rebaja las maniobras con Corea del Sur para proteger su buena relación con Pionyang

La medida, anunciada pocas horas antes de su inicio, alimenta las dudas de sus aliados sobre el compromiso estadounidense en el Pacífico

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, en una imagen de archivo.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, en una imagen de archivo. / EFE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Se había resistido Seúl durante muchos años cuando el gobierno conservador de Park Geun-hye, tras la enésima orgía misilística norcoreana, cedió al fin en 2016 a las presiones estadounidenses y permitió la instalación de los escudos THAAD en su territorio. Su finalidad declarada era contrarrestar la amenaza de Pionyang pero a nadie escapaba que sus potentes radares también fiscalizarían a China. Corea del Sur sabía que desencadenaría su furia pero lo que llegó desbordó sus presagios más pesimistas. Una batería de sanciones económicas, el derrumbe de las ventas de sus vehículos en el principal mercado de sus exportaciones, las tiendas y centros comerciales cerrados tras recibir inspecciones cotidianas... El presidente surcoreano, Lee Jae-myung, pedía el pasado año a su homólogo chino, Xi Jinping, que levantara el oficioso boicot a la música y series televisivas vigente desde entonces.

A ese socio que aún paga las consecuencias de su fidelidad a Washington ha abofeteado Donald Trump apenas unas horas antes de que empezaran las maniobras militares conjuntas anuales. El presidente de EEUU ha ordenado "rebajarlas sustancialmente" aludiendo a su elevado coste y al mensaje "hostil e inapropiado" que envía a un país, Corea del Norte, que desde que ocupa la Casa Blanca ha sido "respetuoso y no amenazador". Y no las cancela, aclaró, sólo porque es demasiado tarde. Esos ejercicios no le "hacen feliz" y ha insistido en la "muy buena relación" que le une a Kim Jong-un. Para subrayar el mensaje subió a sus redes sociales una fotografía junto al líder norcoreano durante aquellas negociaciones para la desnuclearización de la península que acabaron en nada.

Ya había interrumpido en aquellos años la tradición castrense conjunta para que no descarrilara el diálogo. Sus reticencias vienen de más lejos. En su primera campaña electoral lamentaba la factura del paraguas militar estadounidense sobre Corea del Sur y Japón, sus principales aliados en el Pacífico, y les animaba a arrimar más el hombro. Incluso amenazó con retirar las tropas acuarteladas desde el fin del conflicto: 28.500 en Corea del Sur y 40.000 en Japón. En la decisión actual de un líder de frágil ego ha pesado el despecho. "Le pregunté recientemente al presidente de Corea del Sur si quería unirse a nosotros en la desnuclearización de la República Islámica de Irán y nos dijeron: No, gracias".

Creciente influencia de Moscú

Es una razón suficiente pero probablemente no es la única. Quizá también le puede la frustración por el sangrante superávit comercial y pasotismo que percibe en Seúl en aguarlo. El pasado año firmaron un acuerdo por el que Washington levantaba los aranceles a la industria automovilística surcoreana a cambio de una inversión en suelo estadounidense de 350.000 millones de dólares pero pocos detalles han trascendido sobre su implementación. Quizá también influya la geopolítica y con su acercamiento a Pionyang pretenda rebajar la creciente influencia de Moscú. Y, sin margen a la duda, quiere Trump alisar el terreno a una nueva ronda de negociaciones con Pionyang, hasta ahora inmune a las peticiones de diálogo de Washington y Seúl. Tras el anuncio de Trump, Corea del Sur ha respondido que espera que esa "relación amistosa" permita unas conversaciones fructíferas que lleven la paz y la estabilidad a la península.

Estados Unidos y Corea el Sur empezaron sus maniobras militares conjuntas tras el armisticio firmado con Corea del Norte en 1953. Las actuales se alargarán durante 11 días y contarán con 18.000 soldados surcoreanos en una escala similar a las de los últimos años. Insisten Seúl y Washington en su naturaleza defensiva y últimamente, junto a los tradicionales ejercicios de fuego real, se han sumado prácticas más acordes con las tendencias bélicas modernas como drones, ciberataques o interrupción de sistemas GPS.

Corea del Norte, en cambio, los ve como ensayos de invasión y responde con retórica inflamada y lanzamientos de misiles. Esta semana ha estado más nerviosa de lo habitual. Su prensa los ha calificado como "un nuevo nivel de amenaza" que exige de la parte norcoreana "un nuevo nivel de poder disuasorio" con medidas inéditas que no ha especificado. Días atrás había acusado a Estados Unidos, Corea del Sur y Japón de formar una "alianza nuclear".

La noticia coincide con el relevo en Oriente Medio del portaaviones USS Abraham Lincoln, con marineros aquejados de trastornos mentales, por el USS George Washington. El movimiento deja el Pacífico sin portaaviones estadounidenses y apuntala las dudas de los aliados asiáticos sobre el compromiso estadounidense en la región. En Irán ya había comprometido meses atrás el 80% de sus misiles crucero de largo alcance y baja detectabilidad, además de buena parte de su inventario de drones, misiles Tomahawk y Patriot. Japón ha lamentado los retrasos del armamento prometido y Taiwán presiona a Washington para que cumpla las operaciones firmadas que ahora dependen de la sintonía comercial con Pekín. A China, comprensiblemente angustiada por el cerco militar estadounidense, se la imagina estos días más relajada. También a Corea del Norte, la piedra en el zapato de todos los presidentes estadounidenses que precedieron a Trump.

Suscríbete para seguir leyendo

Fuente: El Periódico

Tracking Pixel Contents