Festival de cine
Cannes se rinde al delirio cinéfago de Jane Schoenbrun
La cineasta estadounidense estrena en Cannes 'Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma', un homenaje al cine de videoclub y a los 'slashers' de serie B

Jane Schoenbrun posa durante el photocall de ‘Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma’ en el Festival de Cannes, este miércoles. / Valery Hache / AFP
Nando Salvà
Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que el debut en el festival de Cannes de una nueva promesa del cine independiente estadounidense generaba tantas expectativas como las generadas este año por la nueva película de Jane Schoenbrun, y probablemente aún más desde la última vez que, como ha sucedido hoy, esas acababan siendo plenamente satisfechas. Schoenbrun, recordemos, se convirtió en cineasta de culto gracias a 'We’re All Going to the World’s Fair' (2021), sobre una joven absorbida por un peligroso reto viral, y sobre todo gracias a 'El brillo de la televisión' (2024), historia de dos chavales inadaptados que estrechan lazos a causa de la cancelación de su teleserie favorita.
Ambas eran películas que se servían de atmósferas inquietantes deudoras del universo onírico de David Lynch más que de narrativas tradicionales, en las que el terror y la fantasía funcionaban como metáforas de la disforia corporal -Schoenbrun se identifica como persona no binaria- y que reflexionaban sobre cómo lo digital y la cultura audiovisual moldean la identidad sirviéndose de luces de neón, nostalgia de las texturas mediáticas de décadas pasadas y música ‘shoegaze’. Todo eso está también en su nuevo largometraje, ‘Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma’.

Gillian Anderson, Jane Schoenbrun y Hannah Einbinder, durante el photocall de ‘Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma’ en el Festival de Cannes, este miércoles. / VALERY HACHE / AFP
“Desde el principio supe que su primera escena tenía que mostrar un géiser de sangre jodidamente gigantesco”, confiesa la directora acerca de la nueva película, protagonizada por Hannah Einbinder -conocida gracias a la serie ‘Hacks’- y Gillian Anderson -famosa sobre todo por su trabajo en 'Expediente X'- y que funciona a modo de homenaje tanto a la edad de oro de los videoclubes como a la de los ‘slashers’ de serie B. Cuenta la historia de una directora que localiza a la actriz original de una película de terror de culto de los 90 para convencerla de que participe en el 'remake' que ella misma va a dirigir, y que se embarca con ella en un frenesí de arrebato psicosexual.
Lo que sucede entretanto es a la vez una odisea en busca del orgasmo, una variación especialmente original del choque entre el Eros y el Tánatos, una reflexión sobre el sexismo, la transfobia y el puritanismo consustanciales al cine de género, una nutrida colección de referencias pop -de David Cronenberg a Counting Crows pasando por el pollo frito y diferentes marcas de gominolas- y una reflexión, habitual en la obra de Schoenbrun, sobre el poder de la ficción para salvarnos y la porosa frontera que la separa de la realidad; un delirio cinéfago que se las arregla para ser funcionar como disquisición densa y como entretenimiento visceral, y para ser una obra al mismo tiempo grosera y extremadamente sofisticada, hilarante pero llena de melancolía, y perturbadora aunque también increíblemente gozosa.

Jane Schoenbrun posa durante el photocall de ‘Adolescencia, sexo y muerte en campamento Miasma’ en el Festival de Cannes, este miércoles. / Valery Hache / AFP
Mujeres frente al mundo
Entre las dos películas aspirantes a la Palma de oro presentadas hoy sin duda destaca ‘Nagi Notes’, del nipón Kôji Fukada. Protagonizada por dos mujeres que redefinen su relación de amistad mientras una de ellas crea una escultura inspirada en el rostro de la otra, ofrece un retrato de la vida rural en el Japón contemporáneo que enfatiza tanto la calidez comunitaria como la asfixiante opresión que pueden ejercer los valores tradicionales imperantes en ese tipo de ambientes, y asimismo utiliza nuestra impermanencia en el mundo como argumento para defender la importancia de aprovechar nuestro tiempo en él.
Su gran virtud es la modestia y la discreción con la que lo hace, y eso la distingue claramente del nuevo trabajo de la francesa Charline Bourgeois-Tacquet, ‘Vida de una mujer’. También presentado a concurso, contempla a una cirujana que a lo largo de un año se enfrenta a situaciones complicadas en el trabajo y en su vida personal, y mientras lo hace no deja de darse aires de importancia a pesar de que en su transcurso no propone ni siquiera una sola idea de puesta en escena ni se interesa realmente en ninguno de los temas -entre ellos la condescendencia o el miedo que los hombres sienten hacia las mujeres que desafían las la estructura patriarcal, y cómo los imprevistos que nos suceden alteran nuestra identidad- que finge explorar.
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