Las escritoras son las nuevas antiheroínas de moda en las series
De la autora misántropa de 'Pluribus' a la algo oportunista y egoísta protagonista de 'La bestia en mí', todo son literatas complejas en la última ficción serializada

Rhea Sheehorn (Carol Sturka) y Claire Danes (Aggie Wiggs) en, respectivamente, 'Pluribus' y 'La bestia en mí' / Archivo
Juan Manuel Freire
En otoño de 2018, la crítica de cine británica Yasmin Omar celebraba en 'Harper's Bazaar' que por fin se empezaba a permitir a las mujeres ser antipáticas en la pantalla, o dicho de otro modo, dejar de ajustarse a las más vetustas exigencias de la sociedad: "La abundancia de mujeres con malos comportamientos en el cine y la televisión de este año está socavando esas expectativas pasadas de moda, quitando ese barniz de perfección que tan a menudo se asocia a los personajes femeninos". La igualdad, al fin y al cabo, también es eso. Dejar que las mujeres se equivoquen, se contradigan y parezcan humanas en lugar de dejarlas en madres, esposas o amigas tan adorables como imposibles.
De televisión, Omar destacaba ejemplos como la asesina a sueldo Villanelle de 'Killing Eve', solo movida por sus propios intereses y deseos, incapaz de subyugarse a la autoridad masculina, encarnada por Jodie Comer con un toque de inocencia perversa; la manipuladora fugitiva adolescente Alyssa (Jessica Barden) de 'The end of the f***king world', o la embebida en sí misma Eleanor (Kristen Bell) de 'The good place'. Desde entonces, la lista solo ha crecido y crecido para incorporar a las maquiavélicas (a veces con causa) Alicent Hightower (Olivia Cooke) y Rhaenyra Targaryen (Emma D'Arcy) de 'La Casa del Dragón' o las implacables 'traders' de 'Industry', entre muchas otras figuras atrayentes por sus dobleces.
En los últimos tiempos, una subvariante concreta ha empezado a tomar el control del relato en la ficción serializada: la escritora compleja, dudosa e inestable, o lo que es lo mismo, humana. Lejos quedan los tiempos de Jessica Fletcher, aquella escritora de misterio de buen talante interpretada por Angela Lansbury en 'Se ha escrito un crimen'.
Sin miedo a no sonreír
El ejemplo más reciente y brillante sería Carol Sturka, la autora de 'romantasy' en el centro de 'Pluribus' (Apple TV), sorprendente serie de Vince Gilligan ('Breaking bad') sobre una epidemia de felicidad de origen extraterrestre y la mujer estadounidense algo amargada que cuenta entre los pocos supervivientes a la misma. Sturka no quiere rendirse a los designios de nuestros nuevos lores, es decir, dejar atrás su insatisfacción crónica (odia lo que escribe y también a quien después lo lee) para formar parte de una mente colmena para la que todo está bien.
El papel acaba de valer a Rhea Seehorn un merecido Globo de Oro a la mejor actriz de serie dramática. Seehorn está emotiva y divertida en el papel, pero según a quién pregunten, también está desesperante, desesperante en su bordería. De nuevo, se nos recuerda que escribir puede no servir, por mucho que se diga, para aceptar mejor el mundo que nos rodea, menos aún si sobre lo que se escribe son fantasiosos universos de época.
Bestias como nosotros
Solo una semana después de 'Pluribus' se estrenaba 'La bestia en mí' (Netflix), efectivo 'thriller' psicológico sobre el juego de gato y ratón entre la adusta escritora Aggie Wiggs (Claire Danes) y el magnate inmobiliario Nile Jarvis (Matthew Rhys), que hace un tiempo podría (o no) haber estado involucrado en la desaparición de su esposa. Desdeñando su proyecto de escribir sobre la relación entre Ruth Bader Ginsburg y Antonin Scalia ("aburriiido", en opinión de Jarvis), decide monetizar su obsesión por su nuevo vecino a través de un libro que permitiría a Jarvis, o eso le promete Wiggs, contar su versión de las cosas.
Si nuestra (anti)heroína cambia de proyecto, es en gran parte por su sincera curiosidad por Jarvis, pero también hay una parte de ansia de relevancia continuada. Su anterior libro fueron unas memorias sobre un padre terrible que le valieron un premio Pulitzer. El próximo no puede ser sobre la amistad entre dos jueces de la Corte Suprema, sino un material igualmente inflamable y revelador. Para que su proyecto no caiga en entredicho, Wiggs puede básicamente eliminar toda esperanza para su exmujer (Natalie Morales) de volver a tener carrera artística. Aunque la serie nos da motivos para la misantropía y tristeza de Wiggs (además de tener un padre terrible, perdió a su hijo en un accidente de coche), el personaje no deja de ser incómodo, alguien con quien no siempre se puede coincidir, alguien como todos.
Coincidencia curiosa
Pero la lista de escritoras (menos que) modélicas de la tele reciente no acaba aquí, y e incluye también a la madre escritora obligada a revisar sus prejuicios e impulsos en 'Pubertat' (HBO Max), papel que la creadora de la serie, Leticia Dolera, se reserva para sí misma; la gélida novelista y matriarca, incluso potencial asesina, encarnada por Nicole Kidman en 'La pareja perfecta' (Netflix), o, aunque su papel sea relativamente más secundario, la madre (Lesley Manville) que reescribe la historia de su fallecido hijo (Louis Partridge) en una novela en 'Disclaimer' (Apple TV), para el escarnio de la documentalista encarnada por Cate Blanchett.
¿Por qué esta curiosa coincidencia? Quizá en parte tenga que ver con el auge reciente de la autoficción y sus sucedáneos: algunas de estas series se basan en novelas y desde la década pasada es lo más corriente del mundo que los escritores y escritoras escriban sobre personajes dedicados a lo mismo que ellos. El personaje de la escritora, además, da siempre la oportunidad de jugar con la metaficción y de presentar a un personaje del que quizá sea mejor desconfiar un poco por su capacidad para la fabulación, que puede ser un poco un eufemismo para hablar de manipulación y de la peor clase de seducción.
El éxito a todos los niveles de 'La bestia en mí' y, sobre todo, 'Pluribus' parece indicar que el espectador está preparado para olvidarse de la trampa de la identificación: lo importante no es que los personajes te caigan bien, o quieras parecerte a ellos, sino que sean interesantes. Y este último adjetivo es el que mejor resume a estas escritoras nada parsimoniosas, sabias pero menos, cultivadas pero viscerales.
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