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Levantado sobre un castro, fue primero residencia del marqués de Montenegro y luego escuela // Un matrimonio de la zona lo adquirió para uso hotelero, con 14 habitaciones TEXTO Lorena Rey

Pazo do Souto: casi tres décadas de apuesta por el turismo rural en Carballo

Este año, más que nunca, se ha escuchado hablar del turismo rural , una de las grandes apuestas para disfrutar de unas vacaciones tras meses de confinamiento. Pazo do Souto situ en Sísamo, parroquia de Carballo es un referente de calidad y servicio en Galicia.

El Pazo do Souto fue construido en 1672 por el marqués de Montenegro, sobre una torre medieval, en un antiguo castro celta. Tras varias décadas como residencia habitual de la familia, entre 1950 y 1968 se usa parcialmente como escuela de Sísamo y a partir de ahí empieza el declive hasta convertirse en ruina.

En 1987 el matrimonio formado por Herminia Pombo Rey, oriunda de Golmar (Laracha) y José Taibo Suárez, natural de Sísamo (Carballo), emigrantes en Suiza durante la friolera de veintisiete años deciden comprar la propiedad y devolverle su antiguo esplendor con una restauración que se extendió durante cinco años. A partir del año 93 es cuando comienzan a llegar los primeros turistas.

En la actualidad el matrimonio está jubilado. Su hija Carmen Taibo y su marido Tito Petrizzo son los encargados de su gestión.

El pazo tiene un total de 13 habitaciones y una suite. A mayores hay un salón comedor donde se hace uso de un restaurante y también cuenta con sala y cafetería. Se mantienen diferentes elementos históricos del pazo como la escalera medieval, los accesos, la puerta principal y el portal real. En el exterior cuenta con unos amplios jardines, un hórreo, un palomar y una piscina como elemento nuevo. “Se ha intentado mantener todo aquello que simboliza a este edificio histórico del siglo XVII pero también se le ha dotado con las mejores instalaciones para ser un hotel de cinco estrellas”, afirma Tito Petrizzo, uno de los gerentes del Pazo.

Prácticamente todos los años se hacen reformas en alguna de los espacios interiores. “La más grande fue hace tres años donde se restauró por completo uno de los salones medievales para convertirse en una suite con chimenea”, cuenta. En el 2019 se ha hecho más accesible con rampla de acceso por el exterior “para que la gente que no está alojada pueda igualmente visitarlo o aprovechar el servicio de restauración”.

Es costumbre que durante los tres meses de invierno el Pazo do Souto permanezca cerrado. De esta manera aprovechan para realizar el mantenimiento y dar vacaciones al personal. Suelen abrir un mes antes de Semana Santa, pero este año cuando estaban a punto de hacerlo llegó la pandemia y el confinamiento.

APENAS TRES MESES. Permanecieron abiertos tres meses, desde mediados de junio a mediados de septiembre. Concretamente el día 20 de septiembre cerraron sus puertas con motivo del incremento de casos positivos por COVID en la Costa da Morte que supuso un descenso notable de la demanda. Los cierres perimetrales en Carballo y demás municipios de los alrededores tampouco ayudaron. Sin embargo, en los meses de apertura estuvieron al 100% de ocupación. “La mayoría de los huéspedes eran gallegos, seguidos de madrileños y catalanes. Extranjeros prácticamente no hemos tenido”, apunta. Según señala el gerente, la mayoría de los visitantes están entre los 40 y 60 años. El 2020 será recordado como un año atípico en cuando a los viajeros que se acercaron al Pazo. “Estábamos acostumbrados a trabajar al 90 % con extranjeros (ingleses, alemanes, franceses, nórdicos e italianos) pero en cambio nos hemos tenido que adaptar al nuevo público. Sin duda fue bonito trabajar con gente de España y proveniente de diferentes lugares de Galicia”, considera la misma fuente.

La incertidumbre de cuándo podrán ofrecer de nuevo los servicios ya ronda por la mente de Tito Petrizzo. “No creo que sea antes de Semana Santa”, piensa.

Este año el turismo rural ha sido un destino muy demandado porque precisamente los viajeros buscaban un lugar tranquilo y con poca afluencia de gente. De esta manera, pazos y casas rurales se han visto favorecidos. “En el 2021 imagino que la gente que se lo pueda permitir va a tener muchas ganas de poder salir y de pasar unas vacaciones tranquilas y al aire libre”, dice. Con más ganas que nunca, recibirán a los turistas tan pronto las circunstancias lo permitan.

11 ene 2021 / 01:00
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