Opinión
José Antonio Pena Beiroa
Esperando a Adenauer y Schuman
LOS estados de Norteamérica se unieron en 1781, tras una guerra, bajo el liderazgo de sus padres fundadores, entre los que sobresalieron Jefferson, Washington y Franklin. Europa debió esperar cerca de dos siglos e incontables guerras para que nuestros propios padres fundadores iniciasen el proceso aún inconcluso de la Unión Europea. En 1950, cinco años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, seis países europeos todavía sufrían sus consecuencias y sus economías no habían recuperado la situación de la preguerra.
Dos políticos, al estilo de los americanos, lideraron la iniciativa. En ese año el ministro francés Robert Schuman pronunció la Declaración que lleva su nombre y en la que afirmaba que “Europa se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”. Nacía el primer precedente de la Unión Europea, la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, la que poco después, tras la firma del Tratado de Roma en 1957, se transformaría en la Comunidad Económica Europea. El otro fue Konrad Adenauer, que supo transformar el país derrotado en la locomotora europea y en el verdadero impulsor de la unión.
En la actualidad estamos en una imprevista coyuntura económica en la que las estimaciones más optimistas auguran una caída del PIB del orden del 10 % en 2020 y, dada la similitud del importe de ambas magnitudes, probablemente el déficit público se mueva en caídas similares, por lo que el Tesoro deberá emitir deuda por importes superiores a los 300.000 millones de euros. Tan solo dos factores contribuirán a que el daño no sea peor. El coste de la deuda es prácticamente irrelevante, pues el tipo marginal de las emisiones es del 0,3 % y no habrá problemas para su colocación por el programa de compra del BCE.
En la crisis de 2008 los mecanismos comunitarios no funcionaron. Hubo que esperar a la llegada de Mario Draghi al BCE para poder salir de la recesión de la recesión. Ni su predecesor Jean-Claude Trichet ni Angela Merkel estuvieron a la altura. Pero en la actualidad, ante una situación inaudita para la economía necesitamos unos nuevos Adenauer y Schuman capaces de avanzar en la unión política y profundizar en la económica.
La Unión no puede afrontar situaciones como la actual sin una definida y democrática administración europea, reduciendo el poder de los estados. Una verdadera constitución europea en la que un parlamento elija el gobierno de una Unión más política. Se ha renunciado a la soberanía económica sin traumas y se deberían ceder competencias de los estados hacia arriba. Y el que no quiera sumar, ¡que se vaya! Nuestros competidores, como USA o China y pronto la India, así se organizan.
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