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Opinión

José Antonio Pena Beiroa

Suspende a los bancos

En los años noventa la oferta bancaria alcanzaba más de cien bancos y cerca de sesenta cajas de ahorros. La recesión de los primeros años de la década implicó que la morosidad del sector alcanzase el 8 % del crédito. No fue comparable a la crisis de 2008 que en 2013, con la recaída, alcanzó el 13,60 % de morosidad, cuando ya quedaban menos de setenta bancos y las cajas habían iniciado sus procesos de concentración.

Tras la dura experiencia de la gran recesión y la reducción del número de entidades a solo una docena con tamaño significativo, deberíamos entender que la lección fue aprendida. El nuevo acuerdo de capital de Basilea III y la supervisión por el Banco Central Europeo (BCE) nos obligan a creer que cuentan con más y mejores medios para gestionar sus activos, con la capitalización suficiente para la asunción de pérdidas que, con certeza, aflorarán como consecuencia de la esperada caída del PIB por los efectos de la pandemia global. O no.

En su labor supervisora, el BCE ha publicado este mes de junio un informe en el que, sin incluir los efectos del covid-19, analiza las políticas crediticias de 95 de las principales entidades que supervisa durante el período 2016 a 2018. Sus conclusiones muestran indicios de que el comportamiento del sector no ha sido todo lo ejemplar que debiera y que la variable tamaño no es sinónimo de eficiencia. Sin entrar en los casos extremos de entidades en las que se comprobó que la política de precios era insuficiente para la cobertura de los costes y pérdidas esperadas, el informe refleja comportamientos preocupantes.

Los bancos deben determinar el precio en función del riesgo para poder repercutir los costes y pérdidas esperadas, para ello recurren a modelos internos. Pero el informe concluye que no se evidencia que el uso de dichos modelos determine mejor los precios en función del riesgo. También que relajaron los criterios de concesión de préstamos al consumo, asumiendo mayores riesgos con márgenes más ajustados, lo que también se detectó en el caso de préstamos a empresas. Por todo ello el BCE les recomienda mejorar la gestión del riesgo de crédito y fijar precios en función del riesgo para fortalecer la capacidad de resistencia.

En los 90 con múltiples entidades de tamaño y medios informáticos no comparables con los actuales, se superó la recesión sin apenas mortalidad de entidades. En la crisis de 2008 afloró el déficit de gestión en políticas de concesión de riesgos, que actualmente se creían superados. Pero el informe del BCE nos hace temer que, una vez más, el erario deba afrontar una factura multimillonaria para el rescate de algún banco que no hizo sus deberes.

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