Opinión
Miguel Lorenzo Torres
Que suene la música, señor alcalde
TOCADOS como estamos por una pandemia tan cruel como la que sufrimos, no está de más encontrar bálsamos para curar las heridas. La música siempre está ahí para ayudarnos. Nos emociona, nos entretiene o nos levanta el estado de ánimo. Es cultura y es, además, industria que da trabajo a muchas personas. En tiempos de resiliencia, de entereza ante la adversidad, no debemos permitir que deje de sonar.
La presencia del virus ha cambiado nuestro ocio y la manera en la que nos relacionamos, obligándonos a encontrar nuevas soluciones. Y en esa búsqueda hay un sector que las demanda: las verbenas o fiestas patronales amenizadas por orquestas, que forman parte de nuestra identidad y también de nuestra economía.
Hace poco más de un año, el Parlamento de Galicia aprobó por unanimidad una iniciativa impulsada por el Partido Popular para que la Xunta reconociese las fiestas parroquiales como Bien de Interés Cultural. Nada hubiera sido posible sin la labor dinamizadora tanto de las orquestas como de todos quienes las apoyan para que suenen y mantengan viva una tradición cultural única.
Más de 300 orquestas, además de bastantes solistas o dúos, se vieron silenciados el pasado verano debido a la pandemia. Más de 5.000 puestos de trabajo directos y otros tantos indirectos se vieron afectados y con ellos miles de familias (feriantes, hosteleros, encargados de suministros, pirotécnias...) que tienen en la verbena su modo de vida. Trabajan para ofrecernos alegría y entretenimiento, pero también para darle lustre y continuidad a nuestras fiestas populares. Ahora son ellos quienes necesitan un mensaje positivo, un empuje y un aliento en tiempos de incertidumbre.
A estas alturas del año el ajetreo de contrataciones sería máximo, se estarían cerrando fechas, agendas, calendarios, competiciones entre pueblos por tener la mejor fiesta. Y parece que este año de nuevo la pandemia nos lo quiere arrebatar. Pero la música puede y debe sonar. Hay que querer y creer, por eso me animo a escribir estas líneas para dirigirme a los alcaldes de nuestros pueblos y ciudades y pedirles que no dejen de invertir en la contratación de los artistas del sector musical y todos los profesionales que les apoyan.
Es el momento de que suenen mejor que nunca, con todas las precauciones, y cumpliendo a rajatabla todos los protocolos que además se podrán modular según vayan transcurriendo los acontecimientos de la pandemia. También con la confianza en la buena evolución de los programas de vacunación y en que vaya avanzando la inmunidad de la población.
Ahora es el momento de contratar, de atreverse y ofrecer al sector el balón de oxígeno que precisa, de emitir un mensaje positivo que saque de su letargo a las comisiones de fiestas, de entender que si a la postre nos tenemos que juntar de otra manera a la que estábamos acostumbrados (si no nos dejan bailar) no significa que la música tenga que dejar de sonar. Necesitamos sentirla, escucharla, vivirla en directo. Y eso usted puede hacerlo posible. Por eso, señor alcalde, ¡Que suene la música!
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