Opinión
José Castro López
Maltrato a la lengua
HACE tres años Francia prohibió la escritura inclusiva en textos de la administración y ahora el ministro de Educación hizo extensiva esa prohibición a la enseñanza. “Es un obstáculo –dice– para la comprensión de los alumnos y tampoco debe ser usada como alternativa para le feminización de la lengua”.
En España el lenguaje inclusivo escrito tiene nula presencia en la administración y en la enseñanza, pero todo se andará. Ya ocurre en Andalucía, donde un libro de Geografía e Historia de segundo de la ESO es una exhibición abusiva de desdoblamiento de palabras en masculino y femenino. En una sola página puede leerse “sospechosos y sospechosas”, judíos y judías”, “musulmanes y musulmanas”, “conversos y conversas” y “cristianos y cristianas”, una despropósito lingüístico que entorpece y dificulta la lectura.
Dicen en la Consejería de Educación que este texto es una anomalía heredada que el Gobierno anterior autorizó para evitar “prejuicios sexistas o discriminatorios” y que se va corregir porque “es compatible trabajar por la inclusión y la igualdad sin tener que entorpecer el uso del lenguaje”, como esta redacción.
De aquellos polvos... El desdoblamiento del lenguaje es una práctica de muchos políticos que tienen la falsa creencia que con ese proceder defienden mejor el feminismo, como si una denominación lingüística modificara la realidad social. El pódium lo ocupa la ministra de Igualdad, que en un mitin en Madrid alcanzó el uso extremo del lenguaje inclusivo: “todas, todos y todes”, niña, niño, niñe”. Un desdoblamiento disparatado que, además de ridículo, ataca el principio de economía del lenguaje que busca la eficiencia para facilitar la comunicación.
La Academia de la Lengua se posicionó contra esta perversión. Lo cuenta el profesor Darío Villanueva en Morderse la lengua, corrección política y posverdad, un ensayo en el que conjuga la profundidad académica de un excelente trabajo de investigación con la claridad expositiva en un relato inteligible e ilustrativo, que debería ser de obligada lectura para todos los que alteran con frivolidad la naturaleza del lenguaje. Es tal su ignorancia que no saben que el nombre genérico que incluye al femenino no representa un uso sexista del lenguaje, ni expresa una relación de poder del hombre sobre la mujer.
Delirios lingüísticos como los de la ministra nada aportan a la lucha por la igualdad que para Concepción Company, académica de la lengua en México, no está en la estupidez del lenguaje inclusivo o en que “me llamen arquitecta, médica o abogada”. La igualdad se defiende luchando para que “me contraten igual, que me paguen igual y que tenga las mismas oportunidades”. Palabras de una experta.
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