Opinión
Ramiro ponte
Santiago
Asignaturas que suponen perder el tiempo

Román Rodríguez / Ramiro ponteSantiago
No nos engañemos en torno al recién aprobado decreto del nuevo Bachillerato, en el que la Historia pinta muy poco y la Filosofía aún menos, porque todos los planes de estudio aprobados en España en las últimas décadas, no solo el último, se han marcado por objetivo ir cargándose poco a poco las asignaturas de humanidades. Se ha tratado de un proceso bastante rápido y muy destructivo al que ahora el autodenominado Gobierno progresista se ha encargado solamente de poner la guinda en medio de un mar de descontento muy poco incisivo y crítico, porque si las principales instituciones del país hubiesen saltado como un resorte y la ciudadanía se hubiese movilizado a través de los diferentes colegios profesionales, de las asociaciones culturales y de las propias Ampas, semejante desaguisado no se habría consumado. Así que ahora tan solo nos queda felicitarnos por conformar una sociedad sumisa y cada vez más cómoda. Ese estallido no se produjo en el pasado reciente ni en la actualidad porque la propia sociedad ha aceptado que los estudios “de letras” son muy poco útiles en el mundo actual. Es un hecho, además, que a los alumnos brillantes se les anima a cursar carreras científicas y técnicas, mientras que se considera una equivocación que estudiantes con buenas notas se decanten por grados que “no valen para nada”. Existe, pues, una poderosa corriente que empuja a las nuevas generaciones a apartarse de las carreras supuestamente simplonas que pueden condenarte de por vida a ejercer como profesor -menuda faena- o a opositar a puestos aburridos. No, no nos engañemos. El Bachillerato nos lo hemos cargado entre todos a base de despreciar cosas tales como escribir de una forma correcta -meterse en cualquier foro de whatsapp es llorar-, saber diferenciar la arquitectura barroca de la modernista o fijar, siglo arriba o abajo, cuándo reinaron Carlos I o Felipe III. A nada de esto prestarán atención nuestros nuevos bachilleres, aunque tampoco mejorarán, ya lo verán, en Matemáticas o Física. Y es que cuando la burramia se extiende, no hay cristiano que la detenga. Menos mal, eso sí, que la Consellería de Educación, con Román Rodríguez al frente, ya ha anunciado que utilizará el escaso margen de maniobra que tiene para evitar que los estudiantes gallegos se sumerjan en la desmemoria histórica. ¿Le tildarán de facha si mete en el programa a los Reyes Católicos, tan demonizados por la progresía? Hagan sus apuestas.
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