TODO PARECE INDICAR que la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos tendrá, a partir del 2 de junio de 2024, nombre de mujer. Dos son las candidatas. Una, de nombre Xóchitl Gálvez, es indígena, empresaria y senadora por la formación PAN. Con experiencia de gestión en la dirección de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, será la representante de la coalición opositora conservadora Frente Amplio por México (integrada por el PRI, el PRD y el propio PAN). Fuerte y apasionada, encandila con sus acciones reivindicativas incluso de corte feminista (movimiento que el presidente del país, Andrés Manuel López Obrador, AMLO, asocia a las derechas).

Gálvez, ingeniera de origen humilde y 60 años, ha logrado hacer una fortuna con la construcción de edificios inteligentes. Desde un posicionamiento político centrista, denuncia el machismo y el maltrato (que ella misma sufrió por parte de su padre), apuesta por las ayudas sociales a los necesitados, defiende las causas de las mujeres, y se muestra comprensiva con el aborto.

Claudia Sheinbaum / EFE

La otra candidata, la oficialista de izquierdas Claudia Sheinbaum, es de clase acomodada y ascendencia judía. Más comedida que su contrincante, goza de gran popularidad, y ha sido alcaldesa de Ciudad de México por el partido Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) que lidera el actual Presidente y disfruta de mayoría tanto en el Parlamento (aunque insuficiente para modificar la Constitución), como en 23 de los 31+1 estados mexicanos. Esta doctora en Física y reputada medioambientalista de 61 años es continuista con el proyecto 4T (Cuarta Transformación) y critica a quienes la ven como la marioneta de un AMLO que seguiría gobernando en la sombra si ella se alzase con la victoria. Tendrá que calmar a su contrincante en las primarias, el excanciller Marcelo Ebrard, quien habla de fraude y pucherazo, y amenaza con presentar una candidatura independiente y dividir a Morena, o unirse al tercer partido en discordia: el Movimiento Ciudadano.

Dos mujeres para México

La que salga victoriosa de las urnas y conquiste el Palacio Nacional, tendrá seis años para solucionar una de las principales lacras del país: los feminicidios, con cerca de 30.000 mujeres asesinadas sólo en la última década. Pero también deberá enfrentarse a la violenta inseguridad ciudadana (más de 120.000 desaparecidos; y unas 100.000 muertes al año), a la pobreza, al machismo, a la corrupción, a la influencia cada vez mayor de China y Rusia en Latinoamérica, y a los carteles de la droga; lacras que comparten otros países de ideología afín, como Nicaragua, Colombia, Venezuela, o Bolivia. Asimismo, sería bueno que frenase la obsesión de AMLO contra todo lo que suene a liberalismo, y su revisionismo histórico independentista y “anti-dominio” que ha generado tensiones diplomáticas con países como EE.UU. y España.