Opinión | { epigrafe }
¿La letra pequeña de otro sainete?
NO HABÍA CAÍDO en que, en Barcelona, la Basílica de la Mercé es también de S. Miguel Arcángel. Tiene su gracia. Patrona de la ciudad catalana, no necesita ser guardada por más tropas, ni sentirse aislada. Un ángel guerrero la acompaña. Es el que trae el “veranillo” que esperamos a fines del estío.
Comienza una estación más oscura, con menos luz para pararse a leer La letra pequeña. ¿El libro de Laurent Asher publicado en castellano a comienzos del verano, traducido por la catalana Anna Valor Blanquer, de la editorial Martínez Roca, escindida de Planeta, que trabaja como Sociedad Anónima ahora? No. O sí, si quieren. El libro parece interesante. Si lo ojean, me cuentan luego.
Hay que leer la letra pequeña del alquiler del piso, la posología de los fármacos, el contrato de trabajo, o de despido cuando lo haya. Incluso el texto de algunos programas de mano de ciertos conciertos de gala.
Tuvimos, y tenemos aun, oportunidad de escuchar al Imperial College Chamber Choir en Santiago. Magníficas voces, puesta en escena ceremoniosa, reverencias a diestro y siniestro, pero el programa dado resultó aciago. Ni con lentes al máximo graduadas, pudimos descifrar tal letra. ¡Vaya grafemas nos han dado impresas! ¿Pequeñas? No, enanas. Sabíamos que cantarían música sacra y polifónica, de compositores europeos, canadienses y hollywoodienses, pero algo de engaño portaba la serenata. Casi todos los textos en latín estaban, incluso un sublime himno de Chaikovski que, lejos de sus ballets (El Lago de los Cisnes lo veremos aquí el 10-10-23) era tan excelso y propio del recinto, que hizo olvidar que hubiera sido un detalle incluir los textos traducidos en programas tan bien hechos. Miré como pude los cuadros de W. Turner que lo ilustran y me evadí de nuevo en el pasado: Mortlake Terrace (Summer Morning y Summer Evening). Esos tonos amarillos crean un clima veraniego que a mí se me antoja que es más de fin de temporada.
Fue un repaso por la “genuina” música inglesa que me hizo pensar en la ancestral danza “celta”: la muiñeira. Ésta, presente en el álbum de la chelista Alejandra Díaz, de su Muiñeira do Berce, dice que es “un homenaje a las dos danzas más conocidas de mi tierra: la Muiñeira de Lugo y la Muiñeira de Chantada”. Estupenda idea.
Fiasco fue el vídeo recibido desde Bucavina, célebre por sus monasterios pintados cual sixtinos frescos. Es de otra folclórica danza. ¿Se parecen? Nada, pero “muiñeira” la ha llamado, vista desde la “interpretación intercultural”, una melómana aficionada.
Igual pasa con la primera “muiñeira” bailada en Santiago, inserta en Los gustos estragados de Melchor López a fines del XVIII, por aquello de hacer una versión “galleguizada” de la tonadilla escénica del siglo pasado.
Dejo la música aparcada y, mientras digiero lo que pasa en España, leo O divino sainete de Curros Enríquez: “Sinto no peito us afogos …”. ¿Repetimos danza o baile?
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