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Opinión | { POLÍTICAS DE BABEL }

Profesor universitario

Ucrania nos afecta y preocupa

EL FUTURO DE UCRANIA le preocupa, le ocupa y le afecta a España. Por eso seguimos atentos tanto al devenir bélico de este gigante europeo, como a su proceso de integración en la UE. Nos preocupa a nivel humano, por la crisis humanitaria que allí sufren, y que no debemos olvidar pese a la reciente preeminencia mediática y política de la guerra entre Israel y Hamás. Pero también nos debe ocupar a nivel político y económico, pues es mucho lo que nos jugamos como país y como socio del proyecto europeo debido a nuestras relaciones diplomáticas, políticas, comerciales y económicas.

Nuestro sector de la automoción, nuestra industria conservera y de pescado congelado, nuestra producción textil, de calzado y prendas de abrigo, y hasta nuestras exportaciones de pesticidas, petróleo refinado y cerámica, tienen en Ucrania un mercado preferente que puede sentirse afectado a corto y medio plazo. También nuestros vinos, verduras y semillas de girasol. En definitiva, todo un abanico comercial que se ve incluso superado por las importaciones de aceites de semillas, hierro, arcilla, fertilizantes y plásticos, así como, sobre todo, de cereales procedentes de Ucrania (España es el principal receptor de la UE de trigo, maíz y cebada ucranianos).

Del mismo modo, sabemos que, tanto ahora como en el futuro si Kiev lograse hacer los deberes e integrarse de pleno derecho en la UE, el proceso de reconstrucción de Ucrania tras la guerra acarreará importantes sacrificios económicos para los Veintisiete (esta semana Putin prometió “ahogar” a Ucrania, cuyo PIB ha caído ya un 29,1%, y alcanzar objetivos “por la negociación o la fuerza”; y celebró el recorte de ayudas a Kiev que se vislumbra en EE.UU., y la merma del apoyo europeo y occidental). El proceso se acelera; y la vista ya está puesta en marzo de 2024, cuando Zelenski tendrá que demostrar que ha acometido las exigencias europeas relativas a la adaptación y reforma de su marco legislativo, administrativo y judicial (ha asumido ya unas 1.700 de las casi 30.000 normas comunitarias), las medidas contra la corrupción y de control de los oligarcas, y el respeto a los derechos de minorías como la húngara dentro del país.

Aun así, y con el fin de la guerra con Rusia como barrera clave, serán los 27 parlamentos de la Unión los que tendrán la última palabra. Ellos deberán convencer a sus representantes nacionales de la idoneidad de asumir con la adhesión de Ucrania reformas que abarcarán, desde protocolos fiscales y presupuestarios, hasta equilibrios de poder y decisión relativos a votos y vetos, pasando por aspectos que alterarán la Política Agraria Común (PAC), los saldos financieros de los socios, o los protocolos y acuerdos en materia de seguridad. Todo ello significa modificar importantes artículos del Tratado de la UE, lo que sin duda generará debates acalorados.

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