Opinión | Al Sur

Totalitarismo y democracia

Debemos a la filósofa Hannah Arendt (1906-1975) uno de los análisis más certeros sobre las leyes del totalitarismo. Es una aportación teórica, ciertamente, pero hecha por una mujer que tuvo que sufrir las consecuencias del nazismo en Alemania, su país natal del que huyó a Estados Unidos para salvar la vida, por la única razón de ser judía y librepensadora.

Comenzó a reflexionar sobre el tema tras la II Guerra Mundial, estudiando los resortes del nacionalsocialismo y del estalinismo, una lógica cruel sobre la que se construyó la ideología totalitaria. Publicó los resultados en 1951 en un libro titulado ‘Los orígenes del totalitarismo’, una obra dividida en tres partes, tituladas respectivamente, Antisemitismo, Imperialismo, y Totalitarismo. 

El totalitarismo es un modo dominación cuya lógica se realiza en cinco fases. La primera, la creación de una sociedad de masas en la que desaparezca la subjetividad. Se destruye en esta fase la capacidad política de los individuos, lo mismo que la de grupos e instituciones, enajenándolos de su mundo y de su yo. Ortega nos habló también de ello.

La segunda consiste en construir una lectura de la historia incuestionable, de buenos y malos, basada en un darwinismo social en el que solo sobrevivan los hombres superiores, despreciando a todos los que piensan distinto.

La tercera fase elimina cualquier posibilidad de crítica pues solo existe un pensamiento correcto, el pensamiento único, que es el del líder. Desde aquí es fácil pasar a la cuarta fase, la del control total del Estado, las instituciones, la justicia, el mundo empresarial, etc. Y, por fin, en una última fase, el Estado se convierte en una máquina de fabricar ideología. La verdad y la justicia no importan sino solo la fe ciega en la ideología que el partido único se encarga de difundir.

La obra tiene un indudable interés para nuestros días porque describe la lógica totalitaria, de la que no están a salvo ni siquiera las sociedades democráticas, en la medida en que son sociedades abiertas, expuestas a la ambición desmedida de aprendices de tirano, sociedades cuyas libertades hay que defender permanentemente.