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Keir Starmer, el laborista con ganas de gobernar

“Sé lo que se siente cuando la inflación está descontrolada, cuando el coste de la vida te hace temer al cartero: ¿traerá otra factura que no pueda pagar? 

Con esta vivencia de su infancia el candidato del Partido Laborista, Keir Starmer no sólo quiso empatizar con los asistentes al mitin que pronunció en Sussex el 27 de mayo, no. Fue más que una frase de un discurso de campaña. Según él mismo reconoce el programa de gobierno que propone a los británicos ha sido moldeado por su experiencia vital en los duros años 70.

Así que el laborista o socialista, así se define, pone el tándem estabilidad económica y finanzas saneadas en el pilar que sustenta sus propuestas para el Reino Unido, si el 4 de julio los electores hacen realidad los sondeos que le sitúan 20 puntos por delante del conservador Rishi Sunak. 

Sir Keir Starmer -fue investido caballero en 2014- nació hace 61 años en Oxted, Surrey, hijo de un obrero industrial y de una enfermera del NHS, laboristas, ‘of course’. 

Entra en las Juventudes Socialistas con 16 años mientras prosigue sus estudios hasta entrar en la Universidad de Leeds, de donde sale con el titulo de abogado que revalida con un posgrado en Oxford. Tras ejercer como laboralista y defensor en casos de derechos humanos, es nombrado fiscal jefe en 2008, función en la que mejoró el apoyo a las víctimas de violencia sexual y doméstica.

Con 52 años renuncia a una cómoda carrera de jurista y entra en política siendo elegido diputado en 2015. En desacuerdo con Jeremy Corbyn dimite tras el referéndum del Brexit en 2016 y cuatro años después es elegido líder del Partido Laborista. Estamos en 2020, en el primer ‘lockdown’ de la pandemia, el papel de Starmer como jefe de la oposición queda desdibujado por la emergencia sanitaria. Y cuando llega la primera cita con las urnas por unas elecciones parciales en 2021 sufre una abrumadora derrota por la que casi tira la toalla.

Ahora, después de centrar al Partido Laborista, busca recuperar la confianza del elector tradicional del laborismo que votó por los conservadores pero que ve cómo la inflación y las subidas de las hipotecas erosionan el nivel de vida de la clase media trabajadora. 

En un contexto de resaca de la pandemia, de disrupción de las cadenas de suministro, de crisis energética y climática, y de agitación por la guerra de Ucrania, el candidato laborista propugna un “Gobierno que se implique e intervenga para asegurar estabilidad y crecimiento a la gente trabajadora”. Da por muerto el dogma liberal de que el mercado decide qué industrias son importantes para los trabajadores y la seguridad nacional, y argumenta que los tiranos de otros países no respetan las reglas del juego. 

Starmer quiere reforzar la defensa nacional, debilitada, dice, durante 14 años por los tories. Advierte que en cinco años 200 aeronaves han sido retiradas del servicio, así como uno de cada cinco navíos, y reafirma el compromiso con la OTAN y la disuasión nuclear del Reino Unido. 

En el programa verde propone crear una compañía nacional de la energía, Great British Energy, con base en Escocia; un impuesto extraordinario a gaseras y petroleras para financiar el aislamiento de 19 millones de hogares; y un fondo, National Wealth Fund, para captar inversión e invertir en infraestructuras y empleos industriales. 

Dice que tiene un plan, un puente para el futuro, y que odia perder.