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Nuestro futuro

ESTE MIÉRCOLES, Día Mundial del Medio Ambiente es fecha señalada, aunque recordar la importancia de la naturaleza para nuestra salud y la del planeta debiera ser tarea de todo el año. Lleva el lema: “Nuestras tierras, nuestro futuro”. Desde el viernes, los libros cobrarán protagonismo de la mano de la Semana del Libro en Compostela 2024 (7 al 16 de junio), el festival de la lectura de Santiago. Es una feria sin lema. Cosa extraña en los tiempos en que todo parece tener que someterse a slogans o frases acotadas.  

Me detengo, sin embargo, en otro evento notable: el Día Internacional de los Archivos (9 de junio), que se celebra a lo largo de varias jornadas. Podemos programarnos, al menos en Compostela, según nos venga en gana, pues son diversas las facilidades que nos da tanto personal que desea que conozcamos lo que celosamente guardan. Para quienes que a menudo los visitamos, ésta es una fecha muy esperada. De ellos no les cuento nada. Solo quiero decirles una vez más que cada uno cuenta, con los fondos que custodia, historias que debidamente hilvanadas son esenciales para conocer épocas recientes o pasadas. No están cerrados a nadie, así que además de visitarlos en estos días y de conocerlos a través de exposiciones o visitas guiadas, sepan que les están aguardando. 

En relación con ellos, si importante es el contenido, no menos lo son los archiveros y archiveras, junto a otro personal técnico especializado. Aprovecho pues para sumarme al justo y merecido homenaje que recibirá D. Segundo Leonardo Pérez López quien, entre otros muchos cargos, fue archivero bibliotecario de la catedral compostelana, asumiendo en 2011 un oportuno y trascendental cambio en el funcionamiento de las instalaciones en las que muchos investigamos y otros ordenan papeles que nos abren nuevos panoramas. A él se debe la labor que resumió en estas certeras palabras: “Es momento de acoger este legado y, sobre la base de la continuidad, incorporar a él nuevas visiones y algunos retoques necesarios” (Annuarium Sancti Iacobi, I, 2012). 

Dicen que cada día entran y se asientan inquilinos en nuestras casas: tickets, folletos, envoltorios de todas las formas y tamaños que no son precisamente fondos documentales. Incluso fuera de los hogares, en las últimas semanas, los estudiantes llenaron las bibliotecas para preparar la EBAU o los exámenes finales, portando folios y botellas de agua en carteras o debajo del brazo. Es también ahora cuando algunos se jubilan o cambian de despacho, vaciando sus enseres en bolsas o en lo que se llama un cajón de sastre. Más plásticos y papeles que, sin querer, se van acumulando.

Otro papelón diferente nos espera y no parece tener fácil solución por mucha manifestación que salga a la calle. ENCE, Altri: no hay consenso ni acercamiento entre posturas que son objeto de pintorescos sofismas y soflamas. El presente y futuro de la industria papelera siguen sin aclararse. Sus pros y contras habrá que sopesarlos sobre una balanza. Bosques, agua y otros bienes que todos apreciamos son, paradójicamente, motivo de discordia entre iguales. 

Que no falten soportes físicos –fibras vegetales o las que surjan, al margen de ordenadores y otros medios tecnológicos– ni entidades e instituciones comprometidas para seguir generando y transmitiendo cultura a una sociedad que la necesita, aunque no siempre la reclama. Otras generaciones se alegrarán de poder acceder al conocimiento de su pasado, con papel en mano, a través de los libros y documentos que les hayamos dejado. Y que podamos seguir votando nuestro futuro, con papeleta en mano.