Opinión | Firma invitada

Consciente, inconsciente y autenticidad

Muchas veces no hay armonía entre lo que pensamos, decimos y creemos y nuestro inconsciente, ya sea relacionado con ideas políticas, económicas, religiosas o de cualquier otro tipo. Esta contradicción entre lo consciente y el inconsciente explica porque muchas veces hacemos lo que no queremos. Un observador sutil y perspicaz puede percibir lo que realmente quiere decir el que habla por encima de lo que dicen sus palabras. Una cosa es hablar y decir y otra obrar consecuentemente.

Estas contradicciones se ven muy claramente en los fanáticos religiosos o en los ateos fundamentalistas. En ambos casos inconscientemente les asaltan fuertes dudas acerca de lo que creen y predican. Al presentarse las dudas inconscientemente, no las saben gestionar e intentan eliminarlas, proyectándolas en los demás y tratando de eliminarlas en ellos, aunque para ello tengan que usar métodos coercitivos llenos de virulencia y agresividad.

Carl Jung recomendaba que para curarnos del fanatismo, mirásemos a los que difieran de nuestras creencias como en un espejo, para que así este nos pueda mostrar nuestras propias características no reconocidas. El espejo nos puede revelar nuestro lado oscuro. 

En las actitudes extremistas políticas o religiosas se esconden muchas veces personajes que añoran instintivamente lo contrario que aparentan, buscando compensación.

En el caso de fundamentalistas ateos, esta actitud queda reflejada en la frase pronunciado por uno de ellos: soy ateo por la gracia de Dios.

Muchas de nuestras acciones provienen y están dirigidas y ordenadas naturalmente por el inconsciente y alguna de ellas como el instinto de conservación son imposibles de modificar. Cuando se habla de que la autenticidad consiste en que nuestras acciones provengan del corazón y no de la superficie, se quiere decir que entre el interior y lo que se expresa, no haya más contradicciones que las inevitables, debidas a las limitaciones del ser humano. Es en este sentido que hablamos de autenticidad. 

Cada ser humano en la vida experimenta un proceso en el que puede progresar en el conocimiento propio y en saber como es uno por dentro. No es tanto labor del intelecto, como el de la vivencia, sentimientos y emociones. A veces, en ese proceso nos encontramos cosas que no nos gustan, pero queramos o no, forman parte de nuestra personalidad. Somos así. Aceptarnos tal como somos es un signo de madurez. Esta aceptación nos permite estar más abiertos a aceptar a los otros tal como son, sin quedarnos en la fachada externa. 

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