Opinión | Políticas de Babel

Esencia de mujer en México

COMO SE PREVEÍA Y ADELANTAMOS aquí en septiembre del año pasado, la presidencia de los Estados Unidos Mexicanos tendrá, a partir del 1 de octubre de 2024, nombre de mujer. En aquella columna (“Dos mujeres para México”, ECG 18/09/2023), analizábamos el perfil político y personal de las dos mujeres que estaban destinadas a mecer la cuna que dirige el destino de nuestros hermanos mexicanos: Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. Decía yo entonces que ambas aparentaban no sólo dispuestas, sino incluso preparadas para asumir semejante tarea de liderazgo político y social. La una, la oficialista de izquierdas Claudia Sheinbaum, que ha resultado vencedora con el 59,36% de los votos, es de clase acomodada y ascendencia judía, y ha sido alcaldesa de Ciudad de México por el partido Morena que lidera el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO). La otra, su contrincante, de nombre Xóchitl Gálvez, apenas logró el 27,91% de las papeletas; pero había generado grandes expectativas por combinar su ascendencia indígena con su perfil de empresaria con experiencia política como senadora por la formación PAN.

Dos problemas que afectan a México son las desigualdades sociales y los índices de pobreza en la mayoría de sus 31+1 Estados. En este sentido, se esperaba que Gálvez obtuviese mejores resultados si era capaz de arrastrar votos procedentes de las clases medias y bajas. Sin embargo, pese a sus orígenes humildes, su fortuna y éxito como ingeniera y experta en construcción de edificios inteligentes desdibujó ese ascenso social por el que tanto se lucha en el país azteca. Paralelamente, la doctora en Física Sheinbaum logró anular las virtudes de su rival, no tanto por su condición de medioambientalista, cuanto por su decisión de continuar el proyecto 4T (Cuarta Transformación) de AMLO. Lo que ella denomina “el segundo piso” de dicha transformación tratará de incidir en la distribución equitativa de los ingresos y las riquezas, en la reducción de la pobreza, y en una “atención especial a los pueblos indígenas”; cuestión, ésta, que supo reivindicar como lema de campaña. De este modo, Sheinbaum, avalando un proyecto 4T que todavía no ha dado resultados, logró anular y eclipsar las iniciativas de Gálvez.

Dado que la campaña electoral ha estado protagonizada por dos mujeres, es imposible eludir otra de las grandes lacras a las que habrá de enfrentarse la nueva inquilina del Palacio Nacional: los feminicidios. Recordemos que, sólo en la última década, cerca de 30.000 mujeres han sido asesinadas en México. Es mucho el trabajo que tendrá por delante la nueva presidenta, quien habla de “vivir felices” y “libres de temores” en una sociedad “más igualitaria y justa”. Con todo, fue la conservadora derrotada Gálvez la que más se empeñó en incidir estos meses en denunciar el machismo, los feminicidios, el maltrato y la violencia de género (ella misma fue maltratada por su padre). De ahí incluso sus conocidas acciones reivindicativas de corte feminista (movimiento que el presidente AMLO asocia a las derechas). Asimismo, Claudia Sheinbaum tendrá que frenar la violencia y la inseguridad ciudadana (más de 120.000 desaparecidos; y unas 100.000 muertes al año), la corrupción sistémica (como reconoce en su programa), el crimen organizado asociado a los cárteles de la droga, e incluso la cada vez mayor influencia de China y Rusia en el país. México debe afianzar su democracia y sus libertades, y moderar su interesado revisionismo histórico y su animadversión hacia todo aquello que suena a liberalismo. En este sentido, deseamos que Sheinbaum asuma su propia hoja de ruta, y no permita que sea AMLO quien siga gobernando en la sombra.