Opinión | Buenos días y buena suerte

Europa, hora cero

BIEN, no va más. Es otra vez la hora de Europa. No quiero dar a entender con el título de esta columna que se trata de recomenzar la historia, de reiniciarnos como gran comunidad, porque la historia de Europa es densa y profunda, y no puede borrarse ni eliminarse de un plumazo, aunque a algunos bien que les gustaría. No, no hay ‘tabula rasa’. Pero sí que estamos a punto de reinventarnos, porque partimos de un escenario nuevo en el que Europa va a tener en su corazón, salvo milagro, a muchas personas que no están precisamente a su favor. Así es la grandeza de la libertad y del pensamiento democrático: permite incluso a los críticos acérrimos encontrar ahí su lugar.

Pero es cierto que, como se está diciendo estos días y hemos escrito varias veces aquí, hasta la extrema derecha ya no juega a la destrucción de Europa, ni pide su desmantelamiento. No, al menos, a corto plazo. Sino que prefiere ir modelándola a su gusto, casi sin prisa, a medida que se infiltra en las instituciones. Los modos abruptos, simples, directos, que se manejaban hace años, están cambiando un poco: han descubierto que pueden tener más éxito alterando el espíritu de Europa, de tal forma que el proyecto de la Unión quede vaciado y despersonalizado. No deberíamos caer en ese truco.

Casi era más fácil de identificar el peligro para la Unión Europea cuando empezó a llegar la demagogia populista trumpiana, tan obvia y maniquea, y cuando asistimos al papelón político del ‘brexit’ (no se lo pierdan: en el colmo del surrealismo, Nigel Farage parece que vuelve, lo que demuestra que, incluso más allá de los fiascos ‘tories’, realmente muy graves y grotescos, todo puede empeorar en aquellas latitudes). Ahora, las ideas ultras suelen manifestarse con cierta contundencia, sí, pero ya no se sueña con la eliminación de la Unión Europea, ni se promueve, sino que se parte de su existencia para modificar, eso sí, sus objetivos, sus propósitos y sus esencias.

Por tanto, lo que se juega Europa mañana domingo es mucho mayor de lo que pudiera parecer, como venimos diciendo. Se juega el mundo moderno que ella misma ha creado con gran esfuerzo y que nos ha dado una forma extraordinaria de vivir, en comparación con otros muchos lugares del globo. Y debemos celebrar esta modernidad, defenderla contra cualquier forma de barbarie y autoritarismo, y la primera forma de defensa en una democracia es el voto. La sensatez ciudadana no puede ser víctima de la demagogia política. Y, si necesitamos creer más en el progreso y la democracia, sólo tenemos que pensar en la conmemoración, ayer, del 80º Desembarco de Normandía. Para los que tengan mala memoria histórica, o para los que sientan que la educación les ha fallado, ahí tienen este recuerdo de lo que salvó a Europa, y particularmente a Francia. Es necesario recordar. 

Que las ideas de la Europa de las naciones (naciones contra Europa) hayan pasado a segundo plano, en favor de una progresiva sustitución del llamado espíritu europeo por un mundo retrógrado y autoritario, excluyente en gran medida, no es algo que nos pueda dejar tranquilos. Vestir a Europa de otra forma y seguir llamándola Europa no es soportable. Es cínico. Lentamente, dejaríamos de existir, aun existiendo nominalmente. Y es que Meloni no puede ser la inspiradora de Europa. Tampoco su política migratoria. Ni mucho menos su concepción de la sociedad contemporánea. Pero es su capacidad para suavizar el discurso e incluso manejarse en Bruselas lo que hace realmente peligrosa la situación. Peor aún si se piensa que muchos consideran que Italia ejerce de laboratorio europeo para ideas de este jaez. 

Seguramente hasta Feijóo debería preocuparse por ello, por mucho que haya venido a decir que Meloni ‘is different’. Uno puede comprender el sustrato cristiano de Europa, evidentemente, y todos los estratos culturales que nos hacen ser como somos, sin duda. Pero la construcción política que se demanda a Bruselas es, debería ser, laica, abierta, tolerante, incluyente, diversa y científica. No aspiro a una Europa que no incluya esos adjetivos.