Opinión | On/Off

¿Ganó Altri las elecciones europeas?

NUNCA TANTO DIERON QUE HABLAR UNAS EUROPEAS. El motivo se debe a una cuestión de forma que afecta al fondo. En lugar de elegir un parlamento de manera directa, la fórmula consiste en aglutinar 27 miniparlamentos, cada país el suyo, siendo el mayor el de Alemania con 96 actas y los menores Malta, Luxenburgo y Chipre con 6. En total 720 eurodiputados, de los que España aporta 61 tras incrementar dos en el último quinquenio por el efecto demográfico. Si en lugar de 27 comicios distintos fuera elección única para toda la UE, con candidaturas votadas el mismo día por todos sus ciudadanos, se evitaría la perversión de convertir estos comicios en cualquier cosa, como plebiscitos sobre Sánchez o Altri, menos representar fielmente el espíritu europeo.

Tal empeño europeísta, si es que lo hubiere, no pasa precisamente por su mejor momento. El proceso de construcción europea, tal como se pergeñó tras la Segunda Guerra Mundial y cuyo balance es notoriamente positivo, está en fase delicada. El crecimiento de formaciones nacionalistas y populistas, que en el mejor de los casos abogan por frenar o reducir la cesión de las soberanías nacionales, son pedruscos en la senda hacia la meta de la unidad. El pasado domingo se votó en España de todo menos sobre lo que era menester. Aquí y en los demás países, como hemos visto. Esa misma noche Macron disolvía la Asamblea de la República Francesa y el primer ministro belga, aunque también por otros motivos, siguió la estela. Francia y Alemania, con la socialdemocracia superada por la extrema derecha y el gobierno tripartito a punto de colapsar, dejan profundamente tocado el eje París-Berlín, punta de lanza y argamasa de la Unión. En España los dos grandes partidos europeístas, PP y PSOE, mantuvieron el tipo, a pesar del empeño de Sánchez en alimentar a Vox para perjudicar a Feijóo. Tildar todo lo que está a la derecha del PSOE de extrema derecha –habrá que incluir por elevación a Ursula von der Leyen- no hace ningún favor a Europa ni a España ni a la democracia que conocemos, y disfrutamos.

Pero no sólo estas elecciones se celebraron en clave nacional. En Galicia, aunque no tanto, también fueron con perspectiva gallega. Digo que menos porque sólo el BNG de entre los grandes partidos así las planteó con claridad. El nacionalismo cosechó un resultado discreto, con sabor agridulce. Mejoró resultados comparadas con las de hace cinco años (+4,2%) pero al mismo tiempo sufrió un retroceso importante con respecto a las recientes autonómicas (-15%). Los datos no son extrapolables, ya sabemos, pero marcan tendencia. El PSOE vuelve a presumir de ser segunda fuerza en Galicia.

A diferencia de las autonómicas, el factor de proximidad cuenta en las europeas menos a la hora de votar. Es natural. El BNG arriesgó al ir en candidatura conjunta con ERC y Bildu. Trató de ocultarlo en las papeletas y la propaganda, pero ya nadie traga con ruedas de molino. Peor es lo sucedido a posteriori, cuando se supo que la número 3 de la candidatura de Ahora Repúblicas no era escaño propio para Galicia como, aunque fuera por pasiva, se nos hizo creer durante la campaña. Esta manifiesta opacidad afecta a uno de los principales activos del BNG: la credibilidad.

Tampoco, dados unos resultados significativamente inferiores a los de Camilo Nogueira hace 25 años -22,5% frente a 16,1% de Ana Miranda- parece haber funcionado el efecto Altri. O, mejor dicho, antiAltri. Porque si fue un plebiscito sobre la empresa, como era o pretendía ser, el resultado favorable a su implantación fue apoteósico. Pero como en realidad de eso no se trataba, dejen hacer su trabajo a quienes han de resolver las miles de alegaciones, elaborar los informes técnicos, decidir si recibe ayudas públicas de la Unión Europea y, en fin, cumple o no los requisitos para que se le otorgue licencia.

Ante cada elección, al menos una gran movilización. Con las autonómicas fue por los pelets y la sanidad. Tras el 18-F ya no hay problema. En víspera de las europeas fue Altri. La duda es si tienen algún efecto en el electorado. Probablemente sí, pero desconozco a beneficio de quien.