Opinión | { BUENOS DÍAS Y BUENA SUERTE}

La frente del Papa

BIDEN es muy capaz de conseguir la foto del día, incluso sin proponérselo. Es tal el rigor protocolario de las cumbres y el aburrimiento que brota de las imágenes institucionales, que siempre se agradece que alguien se salga un poco del guion. ¿Se acuerdan de aquel Berlusconi que hacía gestos y ponía cuernos durante la foto de familia? Qué heavy. Hoy todo eso podrían ser verduras de las eras, pero me temo que, a pesar de las fotografías aburridas, hay mucho ruido de fondo. ¿Qué piensa, por ejemplo, esa Meloni atenta a los despistes de Biden, tan servicial en Bari, qué piensa más allá del protocolo? Produce cierto temor ir más allá de las formas diplomáticas.

Lo más notable fue la aparición del Papa. Llegó al G-7 con ánimo de pedir igualdad de trato para todos en tiempos de tanta inteligencia artificial (y no tanta, al parecer, inteligencia natural). Fueron a hacerse fotos con él, porque este Papa está en la pomada: lo llaman rojo, pero él opina en los foros y dice cosas incluso bizarras de vez en cuando. Biden, con su aire ausente (prefiero a un Biden ausente antes que a un Trump demasiado atento), fue reconducido por Meloni para la foto: ella estaba en casa y quiso ser cortés, supongo. Algunos la consideran integrada, qué cosas, cuando la ultraderecha brilla más bien por ser apocalíptica. Pero, en tiempos de tribulación, habrán pensado que Meloni debe ser reconducida también, sin mancillar su gloria romana, por si acaso. El Papa iba por libre, dio un plano a un Milei que aquí quedaba desdibujado, sin su movida algo friqui habitual, pero, sobre todo, dio su frente a Biden, en lo que se convirtió de inmediato en la foto del día.

¿Qué buscaba Biden en esa cercanía papal? ¿Una mágica transmisión de fuerza, casi chamánica? ¿Un poco de claridad? Biden lleva un tiempo cometiendo errores, en una campaña envenenada por la situación internacional, particularmente en Gaza. Errores no forzados, incluso. Se le acusa de cierta dispersión, pero hay demasiados frentes abiertos. Sin embargo, Biden suele venir a Europa, en un momento en el que Europa necesita apoyos y certezas. Más si pensamos en que Trump podría estar a la vuelta de la esquina. En tiempos de incertidumbre, la incertidumbre creciente de la política norteamericana no ayuda mucho a resolver toda esta confusión.

Así que, de la cumbre de Bari, además de los modos domésticos de Meloni, empeñada en encajar, permanecerá la foto de Biden apoyado en la frente del Papa. Me imagino que Francisco se habrá quedado un poco estupefacto (las fotos revelan cierta sorpresa papal), pero quién sabe cuánto poder, cuanta información, se habrá transmitido en ese breve encuentro entre dos neocórtex de lujo, entre esos lóbulos frontales donde se despierta la razón y el pensamiento abstracto, quizás Dios incluido. Se diría que Biden apoyaba allí el peso del poder, y quizás el peso de los años, que descargaba allí su disco duro de incomodidad, reclamando una clarividencia divina, una energía extra, para sobrellevar esta última vuelta del camino, pero cabe recordar que el Papa no es tampoco ya un pibe del juvenil de San Lorenzo de Almagro.

¿Y qué habrá leído Francisco en la mente de Biden, en ese breve encuentro de dos inteligencias naturales? Secreto de confesión y secreto de conexión. Mejor no preguntemos. Lo que se dicen dos cerebros en la intimidad no tiene por qué coincidir con las declaraciones oficiales, al menos hasta que se pueda leer el pensamiento de los otros (todo llegará, me temo). El gesto tiene algo del fresco de la Capilla Sixtina, ya puestos a buscar metáforas, el afán de tocar lo más parecido a la mente suprema, o qué se yo. O quizás sólo se le fue un poco la cabeza, midió mal las distancias… tampoco nos pongamos estupendos. Allí se hablaba mucho de comercio y mercado, de China, claro, y se había invitado a Modi (no sólo a un Milei desubicado), pero Biden quizás quiso buscar un alivio rápido a las cosas terribles de este mundo.