Opinión | { TRIBUNA }

La renovación de plantillas en el sector público

CONFIESO QUE ESTOY preocupado por este asunto. El enorme salto en el empleo público en España se produjo en los años ochenta y primeros noventa, para poder recuperar el tiempo perdido en el franquismo y contar con servicios públicos homologables a los europeos. No es muy difícil darse cuenta de que los jóvenes que se incorporaron a la función pública con 25 años entonces superarán la barrera de los 65 años en 2035. La cicatera tasa de reposición en el empleo público en la década pasada para cumplir con los ajustes fiscales no ha hecho sino agravar la situación.

Y a pesar de ello, estamos todavía a tiempo de resolver el problema razonablemente bien, si nos ponemos ya las pilas. El punto de partida debería ser una autoevaluación de todos los servicios y centros de las necesidades de cuadro de personal en 2035 como consecuencia de la “Gran Jubilación” que nos aguarda. A partir de ahí, pensar en soluciones ad hoc. Cada caso tiene sus particularidades y son los profesionales a pie de obra los que mejor pueden orientar sobre las posibilidades. Por otro lado, es verdad que el proceso ofrece la oportunidad de dar de baja perfiles que se han quedado obsoletos y apuestas por las nuevas necesidades, muy vinculadas a la digitalización.

Sin duda, las universidades y los centros de formación profesional tienen mucho que decir en ese horizonte temporal. Las personas que comiencen sus estudios en septiembre de 2024 tendrán alrededor de 30 años en 2035, serán el relevo natural. La administración autonómica y las tres universidades públicas deben trabajar mano a mano para ajustar plazas ofertadas y titulaciones, programas de detección y capacitación del talento, formación de postgrado de calidad…

Deberíamos tener como objetivo colectivo que nuestros servicios públicos sean prestados y gestionados por nuestros mejores jóvenes.