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Seis años de efecto Sánchez en Galicia

EN MEDIO DE TANTO ZAFARRANCHO ELECTORAL, el sexto aniversario pasó desapercibido. El pasado día 2 se cumplían seis años con Sánchez al mando del Gobierno de España. En 2108 se hizo con el poder al obtener la confianza del Congreso de los Diputados, moción de censura por medio. Desde entonces gobierna gracias al apoyo de quienes le arroparon en aquella ocasión. Lo mantuvieron tras las sucesivas elecciones a las que se sometió –dos veces en 2018 y otra 2023– y en las que nunca superó los 123 escaños de 350. Desde hace cinco años comparte gabinete, primero con el Podemos de Iglesias y ahora con Sumar de Díaz. La presente legislatura es la más dependiente de sus socios parlamentarios, de tal modo que cualquier grupo con cuatro diputados o más (ERC, Junts, PNV, Bildu y Podemos) condiciona totalmente sus decisiones.

Con esta debilidad parlamentaria no es fácil gobernar. La inercia funciona durante algún tiempo, pero sin el carburante adecuado sólo puede planear hasta tocar suelo, con riesgo de accidente en cualquier momento. Los síntomas de agotamiento son evidentes. Casi un año después, la acción ejecutiva es escasa y la parlamentaria mínima. Lo más destacado del legislativo fue la ley de amnistía, cuya materialización se halla a la espera de conocer si conculca la normativa europea. La evolución electoral también resulta clarificadora. Las dos patas del gobierno de coalición y sus apoyos parlamentarios incrementan, en conjunto, su desgaste. Si el PSOE se mantiene a duras penas en el entorno del 30 por ciento y los 120 diputados es a costa de quienes le sostienen.

Por eso, más que por la coincidencia con campañas electorales, el clima no era propicio a principios de este mes para celebraciones gubernamentales. Todo lo contrario con lo sucedido en la Casa Real. Felipe VI tiene motivos sobrados para hacer una fiesta en el décimo aniversario de su proclamación –en España no hay coronación, aunque viene a ser lo mismo– como Rey y Jefe del Estado. Tras superar trances muy delicados, bien conocidos por todos, y encarrilar la sucesión con su hija Leonor, se puede afirmar que la institución está en un buen momento.

No puede decir lo mismo Sánchez y menos su Gobierno, autocalificado de progresista. Recalco lo de progresista con evidente intencionalidad. Antes, o sea, hace unos pocos años no se entendía por progresismo apostar por Marruecos en el conflicto del Sáhara, ni las devoluciones en caliente, ni premiar a las comunidades ricas en detrimento de las pobres, ni las políticas de vivienda cuyo resultado es que como mucho se pueda aspirar al alquiler de una habitación, ni que los contratos indefinidos duren tres meses con salario mileurista, ni que el valor de la palabra se haya diluido, ni que se pretenda recuperar la censura en los medios de comunicación…, entre otros muchos ejemplos que no casan con lo que entendíamos por progreso.

¿Puede Galicia festejar los seis años de Sánchez? Habrá respuestas para todo, pero como consecuencia de lo acontecido en este periodo, casi ya tan largo como los de Zapatero y Rajoy, pienso que la mayoría de los gallegos concluirán que no hay mucho que celebrar. Y aunque resulte paradójico, porque sus miembros son los principales valedores de Sánchez, el mayor damnificado político de este periodo fue el PSdeG. Nunca tanto pagó este partido en Galicia por la proximidad al líder español. En tiempos pretéritos, con González y Zapatero en la Moncloa, el efecto positivo.

Aunque de las políticas de Sánchez hacia Galicia pueda el BNG sacar rédito electoral a corto plazo, insuficiente de momento para lograr sus objetivos, un excesivo acercamiento al PSOE le puede restar posibilidades de futuro. Firmar documentos que son papel mojado merman la credibilidad. La última muestra la tenemos en los descuentos en las autopistas. Deberían entrar en vigor el 1 de enero, pero a día de hoy ni están ni se confía en que lleguen este año. Peores son las consecuencias de la acción gubernamental en Galicia para la otra parte del Gobierno. La decadencia de Sumar se inició, siguió y agravó en la tierra de su lideresa.

Como cada uno habla de la feria según le va, a falta de consenso, fijémonos en datos objetivos para valorar los seis años de efecto Sánchez en Galicia: los resultados electorales.