Opinión | Cifras y letras

El largo camino entre hacer palotes y ser escritor

Mariano –nombre ficticio- era un as haciendo palotes. Estábamos en lo que entonces se llamaba educación infantil y nos pasábamos muchas horas haciendo palotes y otros trazos y líneas, ahora verticales, luego horizontales, las había continuas y discontinuas, en espiral, círculos… En fin, cogiendo destreza para abordar con el tiempo las letras y después la escritura normal. La profesora siempre nos ponía de ejemplo a Mariano, enseñándonos en alto sus cuadernos para que apreciásemos la calidad de sus palotes, mientras él sonreía con legítimo orgullo. Sin duda los hacía muy bien. Mariano era el más alto y robusto de la clase, y sus manos eran especialmente grandes y, por lo visto, muy hábiles. Ambos vivíamos en el mismo barrio y juntos hicimos también la EGB. Pero con el tiempo vi que lo suyo no eran las letras, ni tampoco los números, por cierto. Digamos que su virtuosismo se había quedado en los palotes. 

Hace poco leí que padre e hijo navarros habían logrado un récord mundial haciendo toques alternativos de balón de fútbol con la cabeza. Nada menos que 1.985 toques en 23 minutos y 12 segundos, duplicando prácticamente la anterior marca, que estaba en manos de dos hermanos chipriotas. Bueno, en sus cabezas, para ser precisos. Ninguno de estos dos ases del balón es futbolista o lo ha sido, al menos no a nivel profesional, ni falta que les ha hecho, por cierto. David es entrenador en un gimnasio y su padre profesor de enseñanza media en un instituto.  

Supongo que no ven por donde voy, pero ahora se lo aclaro. En este frenesí de la inteligencia artificial en el que vivimos, son crecientes los problemas y tareas que los sistemas basados en IA van abordando, en muchos casos con evidentes logros y con progresos continuos. A menudo estos progresos se miden comparando los resultados de las máquinas con los nuestros. No solemos compararnos en rapidez, que en eso no hay competencia, sino en la calidad y utilidad de los resultados. Por ejemplo, podemos comparar las prestaciones de un sistema de reconocimiento de patrones sobre imágenes, bien sea en general o en su aplicación a un problema concreto, como puede ser la detección de cáncer sobre imagen médica.  

Seguro que habrán leído titulares en los que se dice que la IA supera en comprensión lectora al humano o en reconocimiento de voz y de texto escrito a mano, en razonamiento de sentido común... pronto se dirá que nos superan en inteligencia, y punto, pero no será verdad. Al menos no lo será pronto. Las comparaciones se hacen acotando muchísimo lo que se mide y cómo. Suelen usarse conjuntos de prueba o comparación muy concretos, que no miden todos los condicionantes que normalmente concurren en la realización de la tarea que se pretende analizar. Por ejemplo, no puedo decir que una aplicación es capaz de reconocer igual que yo el lenguaje hablado si la comparación se realiza con unas cuantas frases grabadas en un entorno sin ruido y con un único hablante en la conversación.

 Tampoco podemos concluir a partir de un conjunto de frases que las máquinas tienen una comprensión lectora superior al ser humano, aunque en esas pruebas la máquina lo haga objetivamente mejor. ¿Se pondría usted en manos de ChatGPT y no de un futuro especialista en cardiología, si aquel saca una nota superior en el MIR? Yo no. El especialista humano no solo sabe resolver más o menos bien preguntas tipo test del ámbito de la salud, sino que sabe cosas mucho más importantes para atendernos y curarnos, casi todas ellas ignoradas por la máquina. Eso sí, no sé a qué esperamos para eliminar el MIR y pruebas semejantes, donde lo que se mide es más maquinal que humano. 

Dar toques al balón con la cabeza no te convierte en futbolista, ni hacer palotes en escritor.