Opinión | Buenos días y buena suerte

Recuerda que eres mortal (y no sólo Biden)

TODOS estamos flotando en el plasma digital, o como se diga, todos estamos esparcidos por el universo como el polvo en el viento, dicho sea sin segundas, y por eso las compañías de seguros saben que tienes ya una edad provecta, ideal para ofrecerte el seguro de decesos. Es el único seguro segurísimo, habría que añadir. Los que ya peinamos canas (podríamos teñirnos, de acuerdo) recibimos cada día varios mensajes de las aseguradoras o de sus asesores (como diríamos de los políticos): no uno ni dos, sino varios, cada pocas horas. Supongo que es por estar ahí, al pie del cañón, bueno, del cajón, en el momento oportuno (completamente inoportuno, por otra parte).

No es un mensaje de buen gusto, pero qué quieren. Te recuerdan que eres mortal, como en los Triunfos romanos, aunque con menos trompetas, si bien esto último, y tan último, depende de lo que pagues. En un mundo que busca la seguridad total en la vida cotidiana, la póliza perfecta, las cámaras con mil ojos, las llaves a distancia, lo del seguro de los muertos, con perdón, es en sí mismo una redundancia: te aseguran, digamos, lo que ya es de por sí más que seguro, los gastos de enterramiento y otros asuntos nada agradables, así que no puedes decir que no te han avisado. Puede haber gente que, por estar muy ocupada, o consultando el móvil, ha dejado de pensar en que tenía que morirse, pero siempre habrá una compañía de seguros que se lo recuerde.  

La muerte suele ser muy injusta, o sea, es completamente injusta siempre, pero no deja de ser democrática. En las elecciones de los Estados Unidos, pongamos por caso, se ha instalado una gran preocupación por la edad de Biden, al que ven débil y titubeante, así que no quiero ni imaginar cómo estará su buzón de mensajes de las aseguradoras, que no pierden detalle. Total, para nada, porque los presidentes, llegado el momento, tienen funeral de estado, sin que medie póliza, o eso creo. Biden salió en vivo (en fin, así es como se dice) en una entrevista de televisión, mucho más fresco que en el debate de la CNN, y dijo literalmente que, salvo que interviniera el Todopoderoso, de retirarse de la carrera presidencial, nada de nada. Lo de ‘carrera presidencial’ sólo es una forma de hablar, una frase calcada del inglés. Biden les dijo a los periodistas que no se iba de la campaña electoral ni muerto, bueno, muerto sí, pero sólo en ese caso y en ninguno más. 

Con Trump, en cambio, todo va diferente. No se le ve diciendo que sólo se retiraría si interviniera el Todopoderoso, porque él también se considera muy todopoderoso por sí mismo y quizás habría que negociarlo, y no creo que la intervención divina se la tomase precisamente de muy buen grado. A saber lo que diría en X: porque imagino que las últimas palabras de alguien famoso, esas que salen en los libros de historia, ahora serán los últimos tuits.

Bien mirado, en política los enterramientos son más bien simbólicos (pero también con su ceremonia). Por ejemplo, en Francia dieron a Macron por muerto, tras su maniobra algo suicida, y resulta que al segundo domingo ha resucitado (siempre se está mejor en los Campos Elíseos que en el inframundo de la derrota). Pedro Sánchez ejecutó una pirueta de resurrección similar en su día, no tan lejano. Macron, por su parte, ya había reducido a cenizas la Asamblea Nacional el 9 de junio, una cremación rápida, sin preguntarse cómo sería la vida en el más allá de la República. Y ya estaban oficiando su despedida, cuando apareció de pronto, como en las películas, sacudiéndose la ceniza de las solapas, ante la sorpresa de los invitados al funeral. Se diría que también contrató en el Elíseo el seguro del hogar.  

Nos empecinamos en buscar la seguridad total, porque eso es lo propio de los países ricos. Hay otros lugares del mundo que sólo tienen asegurada la catástrofe. La muerte es lo único que desentona en la modernidad, tan narcisista: todo cambia cuando usan la fecha de tu cumpleaños para sugerirte que te prepararían un final de altura... Antes sólo te deseaban felicidades.