Opinión | Notas de actualidad

María Crespo, hija predilecta de la provincia de Ourense

Que una Diputación, tan compleja en su composición política, como la de Ourense, nombre, por unanimidad, hija predilecta de la provincia a alguien parece, en la actualidad, tarea prácticamente imposible. Ha sido la doctora doña María Generosa Crespo Leiro, nacida en el lugar de Santrós, del ayuntamiento de Cea, merecedora de tan preciada distinción, entre otras razones por el hecho de ser objeto de particular reconocimiento, tanto por sus evidentes méritos como por el respeto y admiración que le guardan todo tipo de personas, muchas veces alejadas entre sí, por absurdas diferencias ideológicas.

Ha sido el presidente de la Diputación, Luis Menor Pérez, quien le entregó, en el Salón de Actos del Centro Cultural Marcos Valcárcel – absolutamente repleto-, el correspondiente diploma acreditativo, en un acto brillante por la calidad y calidez de los discursos pronunciados por el jefe del servicio de Cardiología del Chuac, José Manuel Vázquez Rodríguez, la alcaldesa de Boborás, Ana Patricia Torres Madureira, el conselleiro de Sanidade, Antonio Gómez Caamaño, y, por supuesto, por el presidente de la corporación provincial.

Capítulo aparte merece la intervención de quien recibió el homenaje, demostrando, con su palabra y actitud, el por qué de tantos y tantos halagos que se le otorgaron. Quien es hoy una de las cardiólogas españolas más reconocidas a nivel internacional – quizás la que más- cuenta con un sinfín de méritos en la investigación y en el ámbito clínico. Su categoría profesional es tal que se codea, con singular cercanía, entre los más eminentes cardiólogos a nivel mundial pero probablemente esto no es lo que la hace tan excepcional.

Marisa Crespo, así conocida entre sus amigos, tiene a gala ser de Santrós, de haber estudiado en una escuela unitaria, de ser alumna de las carmelitas de Ourense y, después, del Instituto Rosalía de Castro, ya en una Compostela, en la que fue, premio extraordinario en la Facultad de Medicina. Después vendría su carrera, poblada de esfuerzos y de éxitos, con parada en los más importantes centros hospitalarios del mundo pero, aún siendo así, ella siempre vuelve a Santrós, al lado de María, también médico, su muy querida hermana, su gran apoyo familiar, con su tío Agustín y sus sobrinos, Martín y María. Allí, en Santrós, se siente – y está- en su Paraíso Terrenal.

Son muchos los valores que la adornan. Trabajadora hasta la extenuación, muy inteligente, con un enorme talento y buen hacer, siempre. A veces, en los perfiles que cada cual pone en su teléfono, lo escrito resulta intranscendente. No es su caso. Su lema en la vida – allí está escrito- es “hacer el bien”. Por eso es tan querida, porque siempre es un cierto apoyo y una afectuosa sonrisa. Si no existiese la palabra empatía habría que crearla para definirla.