Opinión | { POSDATA }

Así no

MIRA, ALBERTO, perdona que te lo diga, pero creo que te estás equivocando. Cuando estabas recién llegado a Madrid traías contigo una fama de moderado que muchos, no sólo en el PP, creían que era oportuna para poner orden entre los chisgarabises que enredaban la política española. Una buena parte de los electorados de los partidos moderados de la derecha y de la izquierda, coincidían en que a la España de aquellos días le iba a ir bien un poco de sosiego.

Incluso, ya visto más desde tu propia conveniencia que desde esa otra tan general, creo que, si hubieses adoptado una posición política moderada, mostrándote siempre abierto a la búsqueda de acuerdos, si se lograban, estupendo, para el país, por lo menos, y si no, me inclino a pensar que no serías tú el que tuviese que pagar toda la factura.

Al contrario, ante cada oferta de consenso que tu lanzases sería el PSOE el que se encontraría en la situación más comprometida, entre aceptar la mano tendida del PP y sortear la tensión que cualquier acuerdo con vosotros podría suscitar entre sus aliados. Ya viste lo que pasó con el que se logró para la renovación del CGPJ, que todos tuvieron que buscarle alguna pulga al gato.

En situaciones como esa, Alberto, podrías ser tú el que repartiese alguna parte del juego: tu con disponibilidad y Sánchez con compromisos. Hasta podría haber una cierta cantidad de los logros gubernamentales que podrías anotártelos como, hombre, ya no digo yo que propios, en exclusiva, pero si alcanzados gracias a tu colaboración. Nadie te podría decir que en vez de ayudar molestases, como cuando vas a Europa buscando maltrato para el gobierno español, que es como jugar al futbol en una cancha de baloncesto: mero peloteo.

Pero no, Alberto: tu llegada al más alto nivel de la política española fue un quitarse la careta, para mostrarte con un radicalismo con el que, tanto dentro como fuera del PP, también hay muchos que se sienten incómodos. El ruido después de tu llegada es más alto y molesto que antes. En vez de sosiego, trajiste crispación.

Contigo, en fin, la derecha perdió una estupenda ocasión para colocarse, estando en el gobierno o no, en la parte central de la política. Uno de sus puntos cardinales. Pero tu sabes tan bien como yo que eso no es así. No eres más que el noctámbulo que vocifera en los callejones, para robarle a los demás el sueño que él no puede tener.

En definitiva: que no se puede contar contigo para nada porque tu no quieres. Una pena.