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Opinión | CON SENTIDO COMÚN

Notario jubilado

La ceremonia inaugural de los JJ.OO.

LOS JUEGOS OLÍMPICOS despiertan un enorme interés en todo el mundo, por lo que representan en el ámbito deportivo.

Pero habría que recordar y recalcar el significado de los valores olímpicos: “Más alto, más lejos, más fuerte”, su lema, que se refiere al esfuerzo y excelencia de los atletas; la amistad y la comprensión entre los deportistas participantes, representadas por la llama olímpica, y el respeto y la fraternidad entre los pueblos, simbolizados en los aros olímpicos.  

Uno de estos tres valores, el respeto, fue dañado en la inauguración, al menos para una parte importante de los deportistas participantes y de todos los cristianos.  

Formó parte de la apertura una parodia de La Última Cena, pintura de Leonardo da Vinci que rememora un momento trascendental de la vida de Jesús –su reunión con los 12 apóstoles para despedirse antes de su muerte– y tiene un enorme significado para los cristianos.

El director artístico del espectáculo intentó arreglarlo manifestando que su objetivo era simbolizar la inclusión social y la igualdad de los seres humanos en todos los ámbitos. Y añadió que el show no estaba basado en La Última Cena, sino en El festín de los dioses de Giovanni Bellini. Vana excusa, pues la escenografía –mesa, sus elementos y distribución de los personajes– recuerda, a quien tenga un mínimo de cultura, el mural de Leonardo.

Se ha conculcado el principio olímpico de respeto entre los pueblos y los participantes, al utilizarse de forma burlesca un hecho trascendental para los cristianos. 

Me llama la atención que el creador de esta mofa sea francés y que la haya presentado en París, que sufrió un sangriento atentado islamista contra el semanario satírico Charly Ebdo, por publicar unas caricaturas de Mahoma. Es decir, por herir la sensibilidad de un colectivo religioso. Días después del trágico e inconcebible atentado, el semanario volvió a publicar las caricaturas, con el titular Todo eso por esto. 

Hacer escarnio de la religión musulmana, tiene un precio; lo vemos con frecuencia. Hacerlo contra el cristianismo sale gratis, porque el Evangelio está impregnado de ideas y valores como prójimo, caridad, perdón, fraternidad, misericordia, que detienen a los cristianos cuando acuden a su conciencia sentimientos de ira, resentimiento, odio o venganza.

Rechazar el fanatismo no está reñido con la prudencia y el respeto, el de los valores olímpicos y el basado en el sentido común, que deberían haber servido de freno para no herir los sentimientos y convicciones personales de cientos de millones de personas.

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