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Opinión | Tribuna

Periodista e investigador

La gratitud de los desterrados

El Ayuntamiento de Puerto del Rosario, la capital de Fuerteventura antes conocida como Puerto Cabras, celebrará este jueves por la tarde un acto solemne que reconocerá a Don Miguel de Unamuno y Jugo como “Hijo Adoptivo a título póstumo”, designación otorgada el pasado lunes por un Pleno Municipal en el que figuraban concejales de distinto signo político.

La celebración resulta altamente simbólica, por haber transcurrido un siglo desde que la Dictadura de Primo de Rivera confinó a Unamuno en la isla canaria, cautiverio que compartió junto con el escritor donostiarra Rodrigo Soriano. Ambos permanecieron en Fuerteventura desde el 10 de marzo hasta el ocho de julio de 1924.

Para ayudar a documentar este reconocimiento, la funcionaria encargada del expediente de concesión del título municipal al rector perpetuo de la Universidad de Salamanca solicitó mi colaboración con cierto apresuramiento a finales del pasado mes de julio.

No me chocó esta solicitud, porque unas semanas antes había dado a conocer las circunstancias del rescate con apoyo francés de los deportados, así como las páginas publicadas por el diario lisboeta “A Batalha” en julio de 1924 sobre la estancia de los opositores a Primo de Rivera en Fuerteventura.

En este último documento histórico, hurtado a conocimiento de los españoles por la censura de prensa entonces vigente, Unamuno y Soriano efectuaron sus primeras revelaciones sobre la deportación al archipiélago, mientras permanecían a bordo del vapor holandés “Zeelandia”, anclado brevemente en la rada de Lisboa durante su periplo marítimo entre Las Palmas de Gran Canaria y Cherburgo, lugar de inicio de su exilio en Francia.

Con sumo detalle, el periódico anarquista “A Batalha” reprodujo entonces la primera valoración que los “majoreros” –nativos de Fuerteventura– les merecían a Unamuno y Soriano, tras abandonar la isla en que habían estado confinados:

“O seu tipo é puro árabe, como o de muitos homens. Falam um dialecto, meio árabe, meio americano, lánguido e doce. A gente do país é nobre, hospitaleira e honrada, e os desterrados estâo-lle muito gratos polo seu trato”.

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