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Opinión | Notas de actualidad

Catedrático de Arte

Las fiestas del Pilar

La celebración de la festividad del Pilar, jornada grande en Zaragoza, tiene una impronta importante en Compostela, además de su reconocimiento como fiesta nacional para toda España y de ser el día de la Hispanidad, al conmemorarse, en esta data, el descubrimiento de América. También la Guardia Civil la tiene por patrona. Este año, con este día, dejamos atrás tormentas y la vida nos regala un mejor tiempo. 

En lo estrictamente religioso es en los siglos XVII y, especialmente, en el XVIII cuando la devoción a la Virgen del Pilar se hizo especialmente relevante. Así Compostela le levantó un templo propio que hoy tiene condición de parroquia, allí en donde el camino que venía de Pontevedra, y por extensión de Portugal, se aproximaba al recinto amurallado de la ciudad. Ya en ella este culto tenía su lugar más relevante en su catedral, en donde cuenta con capilla propia, muy cerca de la tumba apostólica, y se contempla su imagen, con Santiago arrodillado a sus pies, en lo más alto de una de las cajas de su órgano. También en San Martiño Pinario y en Santa Clara se contempla la misma escena. 

Y es que la devoción a la Virgen del Pilar es indisociable a la de Santiago el Mayor. Es a él, cuando estaba con sus discípulos, a quien se le apareció en tierras aragonesas, según cuentan antiguos relatos en los que se sustenta dicho culto. Es, pues, esta devoción a María, “aparecida”, la más jacobea de todas las marianas y, en Compostela, sobre todo, esta cuestión no debe de pasar desapercibida. Curiosamente, en tiempos del arzobispo mejicano Monroy, fue cuando se impulsó su culto entre nosotros no olvidándose el prelado, al tiempo, de honrarla como Virgen de Guadalupe -la aparecida al indio Juan Diego- , tan querida en su tierra de origen; por eso, durante un tiempo, se le rindió culto, también, en una de las capillas de la basílica.

Hace unas décadas los alumnos universitarios iniciaban las clases tras estas fechas. Incluso los que de Lugo atrasaban más su llegada hasta pasadas las fiestas de San Froilán. Y esto, ahora en las que el curso se adelante un mes, repartiéndose en dos cuatrimestres, no deja de ser algo sorprendente.

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