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Opinión

Periodista e investigador

El rescate bíblico de Unamuno, 100 años después

Fingiendo una merienda campestre para despistar a la policía, el pensador Miguel de Unamuno y el político Rodrigo Soriano se alejaron andando el 8 de julio de 1924 de Puerto de Cabras, capital de Fuerteventura ahora conocida como Puerto del Rosario, donde les había confinado el dictador Miguel Primo de Rivera. En su camino se toparon con el director del periódico parisino Le Quotidien Henri Dumay y su cuñado, el excapitán ruso Wladimir Gombard que venían a rescatarles de su destierro a lomos de dromedario. Todos juntos llegaron a Playa Blanca, arenal en que los deportados a Canarias montaron también en otro camello. 

«Era una escena bíblica» comentarían los protagonistas españoles sobre este suceso al diario lisboeta A Batalha días después. Cuatro horas de marcha sobre camélidos por arenas desérticas, doradas por el sol, junto a un mar revuelto, aliviadas con un avituallamiento de «gofio» (maíz molido) y leche. Hacia las ocho de la tarde alcanzaron Caleta de Fuste, la ensenada «majorera» donde tomaron una lancha que les trasladó a bordo de L´Aiglon -El Aguilucho- navío que había fletado Dumay para trasladarles a Francia. En los camarotes encontraron ropa limpia, manutención, libros y revistas.

La tripulación del velero resultaba ciertamente pintoresca. La componían veinte marineros italianos, corsos, españoles, portugueses y un moro, según el testimonio de los rescatados a la prensa portuguesa. Un pequeño chacal y un camello traídos desde la isla marroquí de Mogador, junto con un macaco y un perro-lobo acompañaban a los viajeros. Los expedicionarios franceses eran Dumay y su esposa, el hijo de ambos y su pareja, el escritor Fronque, Madame Brunot, hija de otro literato francés y el militar eslavo antes citado.

Los navegantes sufrieron los efectos de un temporal considerable durante las siguientes 24 horas. Esa inclemencia les obligó a cambiar el rumbo inicial del yate, de Madeira a Gran Canaria. Acorde con el símil bíblico, el arca de Noé botada originalmente en Córcega que les trasladaba superó finalmente el trance, pese a perder parte del velamen en el empeño. Desde Las Palmas, los oponentes al Directorio partirían diez días después en un transatlántico holandés hacia Cherburgo, donde tres mil franceses se apiñaron en sus muelles para recibirles un 27 de julio, hace de esto un siglo.

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