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Opinión | Tribuna

Periodista e investigador

¡Que vienen los rusos!

Según alertó en primera página la edición ferrolana de El Correo Gallego del domingo 26 de septiembre de 1926: “Anteanoche fondearon en la ensenada de Cariño, próximo (sic) a la entrada de nuestro puerto, trece vapores con bandera roja”. Matriculados en Odessa, los buques, que procedían de Cherburgo, lucían en sus proas variadas denominaciones: Sneg, Solombala, Karinchka, Nadejda, Record, Vejilaff, Kacchalof, Choina, Kem, Khalturin, Kaloieff, Yanoterans e Isiglominka.

Así las cosas, un teniente de navío español acompañado de secretario-intérprete se trasladó a bordo del Sneg, barco que tenía izada la insignia en el palo trinquete, donde su capitán justificó la arribada para que la flotilla pudiera guarecerse de la mar gruesa, hacer provisiones y tomar agua. “A los tripulantes no se les ha permitido desembarcar, para lo cual se puso de vigilancia un bote armado de la Comandancia de Marina”, explicaba este periódico agregando que el vapor Isiglominka había sido autorizado a tomar 200 toneladas de agua dicho domingo, para unirse después al resto de los barcos con objeto de seguir el viaje a Odessa.

La noticia de El Correo Gallego tuvo trascendencia militar. Según hemos podido comprobar en el Archivo de la Armada Juan Sebastián Elcano (J.S.E.) la Sección de Campaña del Ministerio de Marina se dirigió al capitán general del Departamento de Ferrol ese mismo domingo ordenándole “manifieste si es cierto han fondeado los buques a que se refiere la prensa” lo que fue confirmado por dicha autoridad “dando cuenta de haber fondeado los buques rusos”.

La cuestión debió suscitar polémica. De hecho, el subsecretario del Ministerio de Marina hizo circular un despacho oficial el 4 de octubre de 1926 a los capitanes generales de Cádiz, Ferrol, Cartagena, comandante general de la Escuadra y general jefe del Ejército de África recordando “la obligación de dar noticia telegráfica directa de las entradas y salidas de los buques de guerra, de cualquier nacionalidad, en los puertos respectivos” excepción hecha de los nacionales.

Estos hechos sucedieron con Miguel Primo de Rivera presidiendo el Directorio civil. La dictadura del Marqués de Estella solía aprobar la presencia de flotas extranjeras en nuestras costas -caso de la británica-. Ahora bien, el régimen bolchevique no había pedido autorización diplomática para esta visita de la flotilla roja a Galicia, según deducimos de los documentos descubiertos. El Ministerio de Marina sabía a qué se enfrentaba. Solo un año antes el cineasta soviético Serguéi Eisenstein había concluido la película El acorazado Potemkin que narra la rebelión de sus tripulantes contra los oficiales de la Armada zarista, acontecida justamente en Odessa en 1905.

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