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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Trump planea la paz sin la UE

Ya lo adelantamos aquí en diciembre. Decíamos entonces que «las instituciones europeas se podrían quedar sin voz ni voto si finalmente Trump decide acometer el proceso (de paz) a espaldas de la propia UE» (‘Putin está envalentonado’, ECG 21/12/2024). Pues bien, dicho y hecho. Donald Trump, sin consultar con sus socios europeos, y pese a que se trata de un conflicto que, en primera instancia y directamente, afecta al Viejo Continente, ha decidido emprender unas negociaciones de alto el fuego a espaldas de los líderes de la UE. Con todo, no olvidemos que tampoco Zelenski nos consultó cuando el 10 de octubre de 2024 presentó su propia propuesta de paz, su «Plan para la Victoria». Y lo mismo podemos decir de la que diseñan China y Brasil.

Además, Trump conoce la descoordinación europea, y la fragilidad que muestran Gobiernos como el francés, con Emmanuel Macron contra las cuerdas, y su primer ministro François Bayrou sobreviviendo a una moción de censura presentada por Francia Insumisa; o el alemán, con Olaf Scholz pendiente de las elecciones legislativas que se celebran el próximo 23 de febrero, y en las que destacan la Alternativa para Alemania (AfD) de Alice Weidel subiendo en las encuestas, y la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Friedrich Merz, a la espera de decidir con quién pactará tras su inminente victoria. El inquilino del Despacho Oval tampoco recibe con agrado la animadversión que le muestran Ejecutivos como el español. Si a todo ello le añadimos la postura fluctuante entre EE.UU. y la UE del primer ministro británico Keir Starmer, a Trump apenas le quedan dos líderes próximos: Giorgia Meloni en Italia, y sobre todo Viktor Orbán en Hungría. 

Pero es que incluso si Trump quisiese levantar el teléfono y hablar directamente con la mano que mece la cuna que arropa a la UE, ¿a quién tendría que llamar? ¿Quién sería aquí su homólogo, su interlocutor válido? Probablemente dudaría entre telefonear a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; a su vicepresidenta y Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas; a la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, o incluso al presidente del Consejo Europeo, António Costa. ¿Cuál sería su equivalente en Europa? Es más, ni siquiera su secretario de Estado Marco Rubio, su secretario de Defensa Pete Hegseth, o incluso su enviado especial para la paz en Ucrania, el general Keith Kellogg, sabrían a quién dirigirse para diseñar conjuntamente dicha paz. Trump ahora plantea una mesa de negociación que incluya al director de la CIA John Ratcliffe, al asesor de Seguridad Nacional Michael Waltz, y al embajador Steve Witkoff. La UE debería ir preparando, pues, su propia comisión delegada; por si nos convoca Trump.

Lo cierto es que la UE siempre ha ido a rebufo de EE.UU. en lo que a la guerra de Ucrania se refiere. Y ni siquiera fue capaz de mostrar una firmeza desafiante ante la Federación de Rusia cuando en 2014 ésta se anexionó la península de Crimea y provocó un cisma político en toda la región del Donbass. Apenas unas sanciones que Moscú supo cómo sobrellevar sin mayor problema. Desde que el 24 de febrero de 2022 Rusia se adentró en Ucrania, cada país europeo ha ido por su cuenta, compartiendo sólo y en parte las sanciones a Rusia, pero actuando por independiente a la hora de enviar dinero o material militar y de ayuda. El apoyo mostrado por EE.UU. asciende a unos 250.000 millones de dólares a fondo perdido. La UE en su conjunto no llega ni a la mitad, y para eso en forma de préstamos que Kiev deberá devolver. Por eso Trump está decepcionado con Europa.

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