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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

La Alemania que viene

Todo está preparado en Alemania para las elecciones legislativas anticipadas del próximo domingo, 23 de febrero. La semana pasada tuvo lugar la última sesión del Bundestag, el parlamento alemán; y los reproches entre las distintas formaciones se hicieron más visibles que nunca. Los temas estrella fueron las iniciativas migratorias y el posible cordón sanitario a la ultraderecha. La primera cuestión ocupa un lugar preferente en el debate público. Tal es así que tanto la izquierda como la derecha han agudizado sus resquemores hacia los flujos inmigratorios, con propuestas de contención y control más severas. En cuanto a la subida en los sondeos de las fuerzas ultraconservadoras, somos muchos los que pensamos que están recibiendo una publicidad gratuita gracias a la obsesión hacia ellas de buena parte del arco ideológico alemán. Las críticas más feroces, en vez de fomentar el miedo a lo que está por venir, contribuyen a movilizar al electorado más extremo y radical, cansado ya de la bonhomía e ineficacia gestora de las fuerzas más tradicionales, incluso cuando los Gobiernos son el resultado de coaliciones de rivales políticos con propuestas de lo más diversas, como la fallida coalición semáforo entre el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), la izquierda de Los Verdes, y el Partido Democrático Libre (FDP).

La ciudadanía se muestra agotada y frustrada. Y no entiende cómo es posible que la República Federal, siendo el miembro más poblado y con mayor PIB de la UE, no consiga superar la crisis económica que mantiene al país en recesión desde hace tres años. Por eso arriesga tanto el candidato socialdemócrata y actual canciller Olaf Scholz al presentarse a la reelección. Y ni sus ataques al cristianodemócrata Friedrich Merz logran elevarlo en las encuestas, ni hacer que el conservador baje, pese al coqueteo que ha mostrado estos días pasados con la líder ultraderechista Alice Weidel. Por su parte, el líder de la Unión Cristianodemócrata (CDU), cuya victoria ya dimos por segura aquí hace tres meses (“El semáforo se cierra en Alemania”, ECG 18/11/2024), acusa al socialdemócrata del SPD de haber abandonado a Europa, y de haberse aislado de los problemas que afectan a toda la Unión, lo que ha propiciado un deterioro mayor de la República Federal.

En cuanto al líder de los liberales del FDP, Christian Lindner, expulsado de la coalición de Gobierno en noviembre, vierte sus ataques sobre sus antiguos socios, mientras se enfrenta a la posible pérdida de todos sus escaños en el Bundestag. Finalmente, Robert Habeck, al frente de Los Verdes, prefiere hablar de cuestiones más domésticas, y de los peligros que acechan a la lucha climática, y a los desafíos tecnológicos y de innovación, si la AfD de Alice Weidel consigue consolidar su musculatura en las urnas (como es de prever), y fuerza una coalición con la CDU y la aliada bávara de ésta: la Unión Socialcristiana (CSU). La suerte está echada. Sólo falta ver hasta dónde es capaz de llegar la AfD de Alice Widel, y si ese control del déficit público y de las arcas del Estado; esa nueva apuesta por el sufrido sector industrial (su producción ha caído un 9%); e incluso las propuestas de contención de la inflación y de los costes laborales, así como frente a las excesivas restricciones medioambientales, logran el consenso social y fuerzan todavía más una trasformación política que hoy resulta inevitable. Muy atentos estarán también quienes ven en Alemania el destino dorado de sus deseos migratorios; así como Volodímir Zelenski, conocedor de que también la ayuda económica y militar a Ucrania está en juego.

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