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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

23 de febrero… ese día

Ah, hay días en los que se acumula el peso de la historia. Para bien y para mal. Y aquí estamos, en este domingo en el que se juega parte de nuestra democracia europea. Es una fiebre que lleva tiempo desatada: difícil de enfriar este cuerpo doliente de Europa. Difícil evitar los ataques sistemáticos a su figura moldeada por capas de historia y de civilización. Europa, tan plural, tan poliédrica, ofrece demasiados flancos descubiertos. Como los mitos nos han construido, es hora de mirar hacia Proteo: sabemos que hay un futuro incierto delante de nosotros, pero no sabemos en qué consistirá. 

“El ser humano no es algo de una pieza, sino la suma de muchos estratos diferentes”: algo así me decía ayer, en conversación desde Países Bajos, la escritora Anya Niewierra, que acaba de publicar un libro excelente que sucede en la ruta jacobea, en su tramo francés: El camino (RBA). Es un thriller, sí, pero con la guerra en Bosnia-Herzegovina de fondo. Es un libro sobre el dolor, sobre el trauma que perdura enquistado. Sobre la dificultad de cerrar las heridas. Y sobre cómo un hombre arrastra el dolor y el miedo hasta el fin de sus días. ¿Podemos soportar los errores? ¿Podemos escribir una historia de generosidad y progreso, que abomine del terror y la tiranía?

Los malos momentos nos traen un instante de luz. Hoy, día de Rosalía de Castro (aniversario de su nacimiento en 1837) deberíamos regresar a lo que esta poeta significa. Todo, o mucho, para este país. Contemplo los actos que se despliegan, ese hacer incansable de Anxo Angueira, y de otros que han sido y serán. Rosalía siempre entre los ríos y las tierras de Compostela. ¡Le debemos tanto, a pesar de haber derribado el eco de sus raíces en la ciudad!: lo pienso cada vez que atravieso la Plaza de Vigo, resuelta con muy dudoso gusto, como otras aquí, donde aún aletea su espíritu primero de la autora. Pero, inevitablemente, entre Compostela y Padrón su figura surge hasta hacerse eterna en Bonaval, no entre las telas funerarias, sino por el impulso de un renacimiento literario que nunca debimos perder. Pero la flor de su presencia, la voz femenina que construye un pueblo, sigue ahí, y no sólo hoy.

23 de febrero. Demasiadas cosas. Muchas capas de la memoria en este domingo que anuncia ya el gran festival del Entroido, la gran ebullición antropológica, que también nos define. La diversión y la sátira. La cultura como defensa ante el derrumbe del presente. Siempre hay derrumbes alrededor, siempre hay intentos de reducir las ideas a escombros. ¿No lo vemos cada día? Hoy Alemania tendrá que defenderse de la gran amenaza de la intolerancia y la exclusión. El trueno habla desde Estados Unidos. Los nubarrones se acumulan en el horizonte. ¿Y qué puede defendernos? Un voto. El voto nos defiende. La libertad, la democracia, ese es el muro protector. No el que quieren volver a construir en tantos lugares. Alemania se enfrenta a una gran decisión en tiempos extraordinariamente peligrosos.

Hace apenas unos días ha comenzado la grabación de Anatomía de un instante, la serie televisiva que recreará la crónica histórica de Javier Cercas. Hay varias producciones que recuerdan la ignominia del 23F, pero, en fin, el acercamiento de Cercas bien vale una serie. Una capa más en este día de febrero. Pero no una capa cualquiera, sino el estrato que nos recuerda cómo la democracia ha de ser alimentada y protegida, con todos los lobos acechando ahí fuera. Con la esperanza de que Alemania no se deje vencer por el gran trueno, por la tempestad que quiere cambiar el pulso de Europa. Y desde el Día de Rosalía, en el que florece sobre todo la palabra libertad. 

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