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Opinión | Políticas de Babel

Profesor universitario

Europa ya tiene un Ejército

Los Veintisiete aprobaron el jueves un plan de rearme de la Unión Europea. Constituye un hito que debemos celebrar. Abre la puerta al endeudamiento sin penalizaciones para los socios, y demuestra que en la Unión somos capaces de tomar una decisión coordinada cuando las circunstancias lo exigen. Además, aumentar el gasto en Defensa es algo a lo que ya nos habíamos comprometido en la Cumbre de la OTAN de Newport (Gales) en septiembre de 2014. Pactar este tipo de gastos no implica una actitud militarizante o belicista como tal, sino la asunción de la necesidad de estar preparados para lo que pueda acontecer. No me refiero sólo a las amenazas de Rusia en el este de Europa, sino también a los riesgos que, con el tiempo, habrá de afrontar la UE desde el norte de África; una amenaza que afecta a Italia y, sobre todo, a España. Por eso sería bueno que los miembros de la UE, con la ayuda de Reino Unido y Noruega, fueran capaces de hacer un recuento integral de los medios de que disponen en materia de Defensa. Sólo así seremos capaces de hacer un análisis más exhaustivo de nuestras necesidades, de nuestras debilidades y de nuestras fortalezas.

Digo esto porque, si bien, por ejemplo, en el caso de Rusia, ya sabemos que persiste en su esfuerzo de reclutamiento con la idea de ampliar su Ejército hasta el millón y medio de soldados (sólo desde el inicio de la invasión de Ucrania aumentó su personal en 300.000 militares), la UE, con la ayuda de Reino Unido (y aun sin Turquía) llegaría también al millón y medio de soldados activos. En cuanto al equipamiento militar, la UE más los británicos atesoran sólo un tercio de los carros de combate de los que dispone Rusia (4.420 frente a unos 12.500). Sin embargo, en aeronaves militares, la Europa aliada (sin Turquía), es superior (6.210 frente a 4.700). Finalmente, en buques de guerra, el frente europeo resulta muy superior a la Federación de Rusia (2.100 frente a apenas unos 290). Eso sí, estos números se caen si añadimos la variable del armamento nuclear, pues Rusia ronda las 5.980 ojivas (en torno a 1.590 dispuestas para ser empleadas incluso de forma táctica por medio de misiles o desde bases militares). En Europa sólo Francia y Reino unido tienen armas de este tipo. Juntos llegan a las 517 cabezas, de las cuales 400 están desplegadas, pero son de carácter más disuasivo y estratégico, que táctico. A ello se podrían añadir, eso sí, las 100 ojivas que posee EE.UU. en bases de Alemania, Bélgica, Italia, Países Bajos o Turquía (en total EE.UU. tiene unas 5.430 ojivas, 3.710 operativas).

Los aliados europeos disponen de unos 200.000 soldados más que EE.UU.; pero sin su tecnología ni sus satélites (muchos de Elon Musk), estamos vendidos. También son notables nuestras carencias en munición. Asimismo, deberíamos reorientar los recursos hacia la industria de los drones, como ha tenido que hacer la propia Ucrania. Pero, de nuevo, estos drones se vuelven ineficaces sin la ayuda de los satélites estadounidenses y el aporte de las agencias de Inteligencia, imprescindibles para detectar radares, tropas, sistemas de defensa, etc. De ahí que Europa deba invertir en el control del espacio, en satélites y en herramientas contra los ciberataques y las guerras híbridas. Apostar por la Defensa supone puestos de trabajo, investigación e innovación tecnológica (en Galicia la industria naval, de blindados y del metal saldría beneficiada). Y eso es bueno. Pero también lo sería ir pensando en cómo organizar una autonomía militar estratégica, con un mando único capaz de coordinar los Ejércitos y las capacidades de los Veintisiete.

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