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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

La primavera es Europa

Ha desembocado la primavera en el calendario, se ha consagrado en el reloj, aunque, como siempre, no llueve a gusto de todos. Veo ríos desbordados, lo cual es malo, pero también pantanos llenos, que desaguan con una alegría poco habitual, y cauces, que llevaban décadas sin recibir la caricia del líquido elemento, son ahora súbitamente arterias que atraviesan olvidados páramos resecos, casi dados por muertos. Doñana mismo aparece en los telediarios como en sus mejores tiempos, esperando el aterrizaje de las aves que traerán vida necesaria al gran humedal de Europa, y por un tiempo, quizás, breve a buen seguro, fabularemos con el regreso al equilibrio de la madre naturaleza.

Esperamos la primavera como una resurrección, aunque el invierno ha sido cálido, tanto como se anunciaba, y, en conjunto, las temperaturas indican que algo no va bien, y que el calentamiento es un hecho imparable que, a pesar de la nueva barbarie contraria a la crisis climática, nos puede herir de muerte.

La política también ha subido mucho su temperatura. Tanto que nos hemos olvidado de otros asuntos, o los hemos tenido que dejar de lado. Es uno de los daños derivados del desembarco de Trump y su club de amigos, que las urgencias quedan postergadas, salvo la del armamento y el militarismo. El advenimiento de esta auténtica desgracia para las democracias nos ha puesto en alerta. Europa está recaudando para sustituir el paraguas de Estados Unidos, que al parecer va a ser poco menos que inservible, si hacemos caso al nuevo jefe. Ya apenas se habla de los problemas del clima, ya parece que nos harán más falta los soldados que los científicos, pongamos por caso. La vida gira hacia un lado oscuro, aunque Europa se resiste. Porque, en la situación actual, la primavera es Europa. Quieren hundirla, pero no podrán. 

En medio de toda esta perplejidad, sólo en Europa puede florecer la esperanza. Son muchos los que parecen dispuestos a inocular el desánimo, a criticar cualquier movimiento europeo, y algunos son gente de aquí. Hacen el juego y bailan el agua a la camarilla que desea desmantelar el progreso. Ni así es posible derrotar a Europa. Creo que gente como Trump, Musk, o el resto de su cuerda, va a lograr algo de verdad inenarrable: más unión en Europa. Más fuerza para las democracias. Más energía contra la barbarie. 

La primavera es Europa. Esa manifestación en Roma, surgida de una iniciativa de la sociedad civil, que logró reunir más de 50.000 personas tal que el otro día, es una gran sorpresa en este tiempo de parálisis. Y es una gran esperanza. Porque de la calle ha de nacer la verdadera defensa de Europa, el reconocimiento, como ellos decían, de nuestra inmensa suerte. La suerte de la diversidad, de la concordia. Esa es nuestra suerte y no podemos permitir que nos la roben. Hay que volver al camino de la solidaridad. Coincido con el mensaje de Javier Cercas. Nuestra patria es Europa, nuestra causa es la libertad. Nuestra primavera es Europa. Europa es la revolución.

Hay que negarse a caer en el pesimismo que otros alientan de manera perversa. Trump ha desvelado su estrategia, no podemos decir que no sabemos lo que sucede. La imagen de Zelenski humillado en la Casa Blanca, en una escena de gran indignidad política, ha de ser el punto de partida de un nuevo tiempo. Es, más que nunca, la hora de Europa. Con el federalismo entre las proyecciones de futuro y el fin del Brexit, que tanto daña a todos. Nuestro brillo molesta a los que prefieren las tinieblas para moverse. Europa es ya nuestra causa. La primavera llega, pero ha de ser nuestra primavera. 

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