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Opinión | Global-mente

Profesora de la USC

Canadá, el amigo americano de verdad

«Los verdaderos amigos se conocen en los tiempos difíciles». Ursula Von der Leyen echó mano de la máxima para elogiar a Canadá, a lo que el primer ministro canadiense, Mark Carney, correspondió definiendo a su país como «el más europeo de los países no europeos y que mira hacia la UE». El intercambio de cumplidos dejaba claro, sin decirlo ni faltar a la diplomacia, quién ya no es un amigo fiable para europeos y canadienses. 

Catapultado contra todo pronostico a dirigir el Gobierno federal de Canadá en abril pasado, Mark Carney, exbanquero y novato en política, estaba en Bruselas para cumplir el mandato electoral de diversificar las alianzas comerciales y estratégicas y reducir la dependencia de EEUU. Con ese propósito la UE y Canadá acaban de firmar un acuerdo de Asociación en Seguridad y Defensa que abarca el apoyo a Ucrania, la cooperación en ciberseguridad, seguridad marítima y espacial, el control de armas y ataques híbridos. Pero sobretodo es el primer paso para que Canadá pueda acceder al programa europeo SAFE, dotado de 150 mil millones de euros para compras conjuntas de material de defensa europeo.

Canadá sigue los pasos de Reino Unido, Australia y antes Noruega y Ucrania entre otros. La condición para acceder a los fondos es precisamente haber firmado un acuerdo de Asociación de Defensa y Seguridad con la UE, ya que el 65% del armamento que se adquiera con un préstamo SAFE debe fabricarse en la UE o en uno de los países firmantes. Solo el 35% restante puede proceder de terceros países. 

Para Canadá es una tabla de salvación pues abrirá un nuevo mercado a su industria militar. Actualmente tres cuartas partes de su gasto en Defensa se va a EEUU, algo que Carney calificó de «not smart», o sea nada inteligente habida cuenta de los ataques a la soberanía de Canadá lanzados por Trump. Nada más llegar al poder ninguneó llamándolo «gobernador» al anterior primer ministro, Justin Trudeau; aseguró que Canadá sería el 51 estado de EEUU; y lanzó una salva de amenazas arancelarias contra su economía. 

Bastó para poner de uñas a los canadienses que dejaron de importar made in USA y se giraron hacia Europa. Después de todo Canadá es el segundo socio comercial de la UE y desde la firma en 2016 del acuerdo comercial CETA y su entrada en vigor parcial en 2017, se abolió el 98% de las tarifas aduaneras y en 2023 el comercio bilateral superó los 123 mil millones de euros.

Hay más. La UE y Canadá comparten más que intercambios comerciales y pertenencia a la OTAN. El presidente del Consejo Europeo, António Costa añadió: «Vemos el mundo a través de las mismas lentes. Estamos por los mismos valores». Y los canadienses son conscientes de ello: según un sondeo realizado en febrero el 44% cree que Canadá debería adherirse a la UE. Es cierto además, que Canadá tiene un sistema de salud público similar a los europeos, una cultura de raíz europea y habla dos de sus lenguas, el francés y el inglés. 

Animado por la afinidad eurocanadiense, Joachim Streit, un eurodiputado alemán se lanzó a proponer la entrada de Canadá en la UE y preguntó al Parlamento Europeo si sería posible conforme al Tratado de la UE. La respuesta en principio es que no, ya que el artículo 49 dice que solo los Estados europeos pueden adherirse. Pero quién sabe en el futuro, Chipre está en Asia Menor y Turquía –la eterna candidata– con un pie en cada continente. 

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