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Opinión | Notas de actualidad

Catedrático de Arte

Gerardo Porto

Esta es la última semana en la que cabe ver la exposición que el Ayuntamiento de a Coruña ha promovido con motivo del centenario del nacimiento del pintor Gerardo Porto (1925-2010). Es, en este caso, el Kiosco Alfonso el lugar en el que se presenta, en una labor que aporta el trabajo, como comisarios, de Isabel Despomare Porto y de Pedro Vasco Conde, autores, también, del correspondiente catálogo.

Se estructura lo realizado partiendo de tres escenarios vitales del artista: Galicia, Holanda y Venecia. Aquí, en A Coruña, están sus orígenes y los primeros contactos con la creatividad, en un espacio que comparte, entre otros, con Lago Rivera, Antonio Tenreiro Brochon, José María Labra, Molezun, Lugrís, Mampaso... También son resaltables su paso por Madrid y por París, en donde seguirá, de algún modo, la estela de Matisse.

Holanda será, qué duda cabe, su segunda patria. Y allí también se impregnará de lo mucho que esta tierra ha aportado, por ejemplo, al género paisajístico desde los tiempos del Barroco. Y, naturalmente, como no podía ser de otro modo, su sensibilidad se verá atraída por una particular luminosidad que Rembrandt reflejaría como nadie. 

Venecia, la otra ciudad y cultura que le impresionó, será igualmente acicate para su creatividad. Se convertirá, sin querer, quizás, en un cierto continuador, desde claves plásticas renovadas, de un modo de hacer que habían practicado, en el ayer, Canaletto y Guardi.

Son importantes, como esta muestra testimonia, sus aportaciones al mundo de la cerámica y la decoración de biombos. También se hace ver la huella que, en esta ciudad, ha dejado Gerardo Porto, en el Complejo Deportivo Municipal de San Diego, también en el Club del Mar de San Ámaro, la plaza elíptica Los Rosales, la decoración de un portal y, sobre todo, el Millennium, mirando a la orilla de las aguas ese mar que preside, al otro lado, la torre de Hércules.

 Los centenarios son momentos para enaltecer y revisar lo acaecido. En este caso, con todo merecimiento, se honra a Gerardo Porto, un alma viajera que, por serlo, no fue debidamente reconocido, en la medida debida, en su vida. Ahí está su obra, sensible, coherente y fuerte.

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