Opinión | Miel, limón & vinagre
Antonio Banderas, el arte de vivir sin aliento
El malagueño ha cumplido 65 años en uno de los veranos más ajetreados de su vida profesional. Antonio, no, el secreto no puede ser sólo el té tan caro que tomas cada mañana

Antonio Banderas.
El verano en que Antonio Banderas ha cumplido 65 años ha sido uno de los más ajetreados de su vida: ha rodado el biopic del chef Anthony Bourdain, también el thriller con tiburones Above and beyond y acaba de regresar de Londres, donde ha filmado Rose's baby, junto a Úrsula Corberó y Forest Whitaker. Nada mal para una edad que hemos asociado tradicionalmente al inicio de la jubilación.
Una vez, a Antonio le preguntaron cuál era su secreto para mantenerse vibrante: confesó que todas las mañanas toma una taza de té blanco, que llaman Silver Needle y se produce en las montañas de Fujian (China). "Le dicen el té de la eterna juventud y es increíblemente caro, lo consigo por internet", añadió. Me temo que sin el sentido de la pasión, la aventura y la curiosidad que siempre ha profesado Banderas, los resultados de su consumo no serían tan mágicos.
¿Qué pensará el actor, director, productor, empresario, cantante y mil cosas más, mientras degusta su té de Fujian cada mañana, cuando está en su ático en pleno Centro Histórico de Málaga? Desde allí, a cielo abierto, quizás mire hacia abajo, contemple el Teatro Romano, situado enfrente de su apartamento, y vea al Antonio chaval, disfrazado de soldado romano, "con casco y plumero", haciendo sus primeros pinitos teatrales.
O si se da la vuelta, en dirección al antiguo cine Echegaray, puede que se vea a sí mismo, de adolescente, sentado en la butaca, disfrutando de su particular "cinema paraíso, que olía a una extraña mezcla entre lejía, caramelo y madera vieja". Y, por qué no, quizás se asome en dirección al colegio Europa, donde soñaba y entrenaba duro para ser futbolista profesional. Hace casi medio siglo, cuando Banderas sólo tenía 15 años, se partió un pie y tuvo que abandonar su ambición deportiva. Se acuerda todos los días: todavía hoy el zapato del pie izquierdo le aprieta más que el del derecho porque esa lesión no se curó del todo.
Hay muchos más antonios: el que se aprendió fonéticamente el guion de Los reyes del mambo porque no sabía ni papa de inglés, el que hizo que una estrella de Hollywood dijera el mítico "Antonio, te quiero una jartá" (su futura exesposa Melanie Griffith), el de los grandes premios en Cannes y las nominaciones en los Oscar, el que le dijo no a Madonna, al que le dicen sí todos los españoles, sean éstos o éstas de izquierdas o de derechas... Ya lo resumió una vez él mismo: "Mi mayor obra de arte es mi vida".
Pues todos esos antonios habitan dentro del Antonio que hoy, en su ático malagueño, está empeñado en llegar a los 100 años. Sigue siendo, mucho, el niño que fue, pero ahora muestra algo distinto. Almodóvar lo definió a la perfección: "Hay ahora en él una tristeza bella". El cambio tiene fecha: 26 de enero de 2017. Entonces, Banderas sufrió un brutal infarto. Hoy, mientras sorbe su té mañanero, recuerda aún el dolor de mandíbulas y el sudor frío que prologaron el estruendo de su cuerpo. Quizás entonces se acordó del Antoñito que se destrozó un pie y tuvo que pensar en un plan B.
El malagueño diseñó y ejecutó una puesta a punto corporal (running, dieta mediterránea, sueño reparador) y un reajuste en la filosofía vital: tocaba regresar a su tierra, a la familia y amigos y al hogar que siempre fue el teatro. Empezaba la segunda vida de Antonio Banderas (quizás le queden cinco más, igual que a su querido Gato con Botas).
Y como el sentido de la vida es vivirla, Antonio siguió dedicándose a ello, manteniendo la voracidad pero moderando los bocados: desde su infarto ha abierto en Málaga su Teatro del Soho-CaixaBank, ha demostrado ser un más que capaz director de musicales, ha protagonizado su papel dramático más memorable (Dolor y gloria, de Almodóvar), ha dado la cara por el cine español presentando los Goya en pandemia, ha rodado con Harrison Ford y Nicole Kidman...
Quizás ninguno de esos greatest hits esté ahora mismo rondando la cabeza de Banderas mientras apura su bebida antioxidante frente al horizonte. Probablemente, piense en su próximo papel, el del padre de la novia: su hija, Stella del Carmen, se casará en España con el financiero Alex Gruszynski. Quién sabe si piensa en buscar por internet, como cuando rastrea su té Silver Needle, un par de zapatos mágicos que consigan que no le apriete más el pie izquierdo y pueda sentirse más cómodo en la boda. La idea le durará un par de segundos, los justos antes de darse cuenta de que erradicar aquella molestia sería obviar al niño malagueño que pateaba un balón, al que se refugiaba en el cine, al que se vestía de romano... A todos esos antonios que se empeñaron en vivir sin aliento.
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