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Opinión | Buenos días y buena suerte

Profesor titular de Universidad

Mamdani, un socialista en NY

El Partido Demócrata de los Estados Unidos se ha pasado el primer año del mandato de Trump, que se cumplía ayer, literalmente sonado. En doce meses no ha logrado recuperar la voz, ha permanecido en un segundo o tercer plano, salvo alguna cosa, y, se diría, se ha sentido perplejo, estupefacto, ante el despliegue mediático de Trump y ante sus formas de gobernar. No por esperado, el primer aniversario de Trump rompe con cualquier cosa conocida, incluyendo su gobierno anterior. Ahora es Trump con gorra, pero sin disimulos. Trump desatado. Pero ya se sabe que se puede morir de éxito, sobre todo si ese éxito es mayormente una performance: una mala comedia.

Coincidiendo literalmente con su primer año de mandato, en el que debería estar celebrando una Edad de Oro, como prometió (ay, Trump, y el dorado, que sin duda le pierde), el presidente ha tenido que hacer mutis por el foro e incluso evitar a los periodistas, ante las noticias que venían de Nueva York y el cuestionamiento de que tenga derecho a imponer aranceles sin medida. ¡Trump evitando acaparar cámaras y micrófonos! Lo nunca visto. Pero la victoria rotunda de Zohran Mamdani, nuevo alcalde Demócrata de Nueva York, ha parado los pies al magnate y le ha arruinado el día. La victoria de Zhoran era previsible, de acuerdo, pero ha alcanzado un estatus simbólico.

Por más que Nueva York no sea el feudo más fácil para Trump, el triunfo de Zohran significa demasiadas cosas. Hasta las otras victorias de los candidatos del Partido Demócrata, en Nueva Jersey y Virginia, palidecen ante la fuerza de Mamdani, que, todo hay que decirlo, utilizó herramientas muy contemporáneas para diseminar su doctrina, como las redes sociales: algunos lo acusan también de cierto populismo, pero, en cualquier caso, sólo estaba contrarrestando los modales habituales de Trump. Si quieren, lo ha derrotado con muchas de sus armas, aunque, sobre todo, con la apelación a una mirada social que nada tiene que ver con la del republicano. Lo dijo en su alocución triunfal: NY es una ciudad construida por inmigrantes y que ahora tiene un alcalde inmigrante. Al tiempo que invitaba a Trump a subir el volumen de la televisión, sabedor, quizás, de que ese es su alimento favorito.

Así que, más que ningún otro líder de los que se hacen notar a veces, como la propia Kamala, Obama y Ocasio-Cortez, Mamdani ha resucitado al Partido Demócrata, en un acción eficaz y veloz, y lo ha devuelto al ring electoral con nuevas energías, cuando parecía que había arrojado la toalla.

Esa tipografía tan cinematográfica, casi de cómic de superhéroe, que mostraba el cartel de la noche del triunfo, “Zohran for New York”, ejemplifica muy bien el grado de suficiencia de su victoria y quizás un inesperado prestigio entre los jóvenes. Alguien que sale proclamando en América que es socialista (y musulmán) y triunfa así sólo puede descolocar por completo a Trump. Y tal vez devuelve la esperanza, ante ese miedo europeo al ver las encuestas que sugieren cierta cercanía de los jóvenes con el fascismo. Mamdani puede haberse llevado por delante esto de un plumazo: ¿suficiente para colocar a Trump ante el espejo de su inaceptable gestión?

En cierto modo, recuerda un poco el caso de Sadiq Khan, alcalde de Londres, al que el propio Trump acusó en la ONU de querer imponer la ley islámica, entre otras cosas. Esta es la propaganda habitual del magnate, simpleza en estado puro: algo que no le ha funcionado con Mamdani. Quizás los tiempos están cambiando. Y muy rápido. Quizás aquí comienza el fin de tanta locura.

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