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Opinión | POLÍTICAS DE BABEL

Profesor universitario

Trump sigue con su cruzada

Pese a sentirse arropado por un gran Ejército de seguidores y colaboradores fieles, Donald Trump apenas pudo celebrar el primer aniversario de su segunda victoria presidencial debido a los resultados adversos de las elecciones celebradas en Virginia, en Nueva Jersey, y en la Ciudad de Nueva York. A mayores, las encuestas de popularidad no le sonríen, quizá debido a que mucho de lo que prometió en campaña todavía está por cumplirse o completarse. El neoyorquino asumió el poder para demolerlo todo, incluso aquello sobre lo que sólo llegó a bromear antaño, como la transformación del ala este de La Casa Blanca en un inmenso salón de baile. Pero lo cierto es que no todo el mundo le baila al ritmo que él desearía. Ahí tenemos, en plan ‘showman’, al cada vez más vacilante, atemorizado y desnortado Nicolás Maduro; a Vladímir Putin, siguiendo su propia coreografía sobre Ucrania, y poniendo a prueba hasta la paciencia de la OTAN y de los europeos con sus juegos de drones; o a Benjamin Netanyahu, dando un pasito “p’alante” y otro “p’atrás” en la Franja de Gaza, frente Hezbolá en el sur del Líbano, y en Cisjordania contra los palestinos.

Lo cierto es que Trump, pese a todo, continúa en busca de ese Premio Nobel de la Paz que tanto desea. Y ahí están, por ejemplo, sus Acuerdos de Abraham; su reciente mediación en el conflicto fronterizo entre Tailandia y Camboya; su papel en el acuerdo entre Serbia y Kosovo impulsado ya en 2020; o el alto el fuego entre India y Pakistán que lleva avivando desde mayo. También su lucha contra el narcotráfico en El Caribe y el Pacífico empiezan a entenderse ahora que vamos confirmando esas remesas de estupefacientes enviadas por los cárteles de la droga venezolanos y colombianos hacia Estados Unidos y Europa de los que lleva tiempo advirtiendo la DEA, y que no hicieron más que incrementarse durante el mandato de Joe Biden. Independientemente de que sea cierta la presunta conexión que denuncia Trump con la cúpula militar y política de Venezuela, lo cierto es que ya hemos visto cómo el Tren de Aragua (organización catalogada como terrorista desde el primer día del mandato de Trump) extiende sus tentáculos ya no sólo a lo largo de América Latina, sino también por Europa y a través de España (ahí tenemos la operación ‘Interciti’, que ha desmantelado una de sus células en nuestro país, con detenciones en Barcelona, Madrid, Girona, Valencia y Galicia).

Aun así, el cierre del Gobierno más largo de la historia (¿dónde queda aquel Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk?) lo ha llegado a poner contra las cuerdas; y hasta la Corte Suprema, de mayoría conservadora, se verá estas próximas semanas forzada a ocuparse de unos aranceles con los que el estadounidense ha zarandeado no sólo a países vecinos, sino también a territorios enemigos (con sus aparentes avances sobre China), y hasta a Gobiernos aliados de medio mundo. Sus redadas y deportaciones exprés han generado una inusual tensión social; su lucha contra la “ideología de género” (así lo reitera Trump), ha impactado en el deporte y en el Ejército; e incluso las universidades más prestigiosas del país han tenido que recular o dar explicaciones sobre ese supuesto “adoctrinamiento marxista” que tanto detesta un presidente alejado de la economía verde y, lo que es peor, de los programas federales de salud, y hasta de ayuda y cooperación internacional. Así las cosas, a estas alturas, estoy convencido de que Donald Trump sabe bien que mucho tendrá que bregar si no desea seguir perdiendo galones de aquí a las elecciones de mitad de mandato del próximo año.

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