Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Doctor en Economía

Echad el freno

Se me acabó la calma. Me pongo nervioso. Este mundo que ahora se anuncia no es en el que quiero vivir. Me asusto. Díganme si es mucho decir esto que digo al oír que Rusia y los Estados Unidos quieren recuperar de la clandestinidad sus pruebas nucleares. Nunca dejaron de realizarlas, a escondidas, pero ahora las anuncian sin recato para darse temores mutuos. Un terrible retroceso a aquellos momentos en los que, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, se presentía el peligro de una más sin que nadie estuviese seguro de ganarla.

Entonces, principalmente en los territorios de Europa, donde aún hoy existen docenas de bases militares y otros asentamientos en los que hay cohetes armados con ojivas nucleares, se fraguaban amenazas simuladas como preventivas. Un bando le decía al otro: «Soy tu enemigo, te puedo destruir, témeme». Sin embargo, quizá a causa del miedo recíproco, se llegó a acuerdos de calma: «Vale, tranquilo, aparquemos las bombas», reconociendo más peligro mutuo que prevención recíproca.

Entonces nosotros, los de a pie, nos esperanzamos al dejar de oír las voces amenazantes. El derribo del muro de Berlín reforzó nuestra confianza. Pero la semana pasada hemos vuelto a oírlas. Donald Trump anunció la orden de reabrir los arsenales y Vladimir Putin, tal para cual, contestó con un «yo también, que te crees». Vuelven a tronar los cielos de la guerra. ¿Tengo o no tengo, pues, razones para asustarme?

Ojalá me equivoque. Quiera Dios que no haya perdido el sentido. Pero es que esta vez los payasos no me hacen reír. Y no sé si ustedes se dan cuenta de que, sea quien sea el primero que empiece a disparar, quizá ya nadie será capaz de parar una inevitable destrucción de vidas y esperanzas. ¡Otra vez!

Creí que habíamos aprendido para siempre que la sinrazón belicista no es puerta para buscar solución a ningún problema. Más aún: que, lanzando armas mortíferas, ni siquiera sobreviven felizmente los que disparen antes; esos tiros tienen rebote. Esperanza deshilachada con recosidos de estupidez.

Tracking Pixel Contents