Opinión | Firma invitada
Agacharse y el trasero
Estos últimos meses hemos visto televisado desde la Casa Blanca como muchos dignatarios se agachaban delante del poderoso presidente de Estados Unidos. Hemos visto como el presidente americano se comportaba como un patán, nuevo rico, imponiendo su poder sin miramientos humillando al que tenía enfrente. Ha habido primeros ministros que han sabido mantener la dignidad a sabiendas de su debilidad enfrente del poderoso como fue el caso de Zelenski, y ha habido otros como el secretario de la OTAN, Mark Rutte, o el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, que se inclinanaron, agachándose de una manera servil. La imagen repetida nos ha recordado la frase aquella de «Quien mucho se agacha se le ve el culo».
Alrededor del presidente americano se suceden todos los días actitudes serviles de los que están a su alrededor. Es verdad que esto no solo sucede con el presidente americano, pero en este caso es muy patente y visible. A sus asesores y secretarios de los departamentos, en las ruedas de prensa, se les ve alrededor de él, embelesados, sin abrir la boca en actitud casi de adoración. Adoración que es insultante y recuerda adoraciones bíblicas al becerro de oro. En este caso es adorar lo zafio y hortera.
No es cuestión de vencedores y perdedores, ni de más y menos poderosos, sino de que unos y otros, fuertes y débiles, ricos y pobres tienen la misma dignidad, son nada más y nada menos que seres humanos. Por eso causa tristeza como algunos se comportan como si no tuviesen dignidad alguna.
La imagen contrasta con el famoso cuadro de Velázquez, La rendición de Breda, en que el general perdedor Justino de Nassau entrega las llaves de la ciudad rendida al general de los tercios de Flandes, el genovés Spínola. Velázquez, como el gran pintor que era, reflejó de una manera admirable la dignidad humana, en un acto que significaba un gran triunfo para algunos y una gran derrota para otros. Sin embargo, los rostros de los dos y de los que están alrededor desprenden comprensión e incluso admiración hacia el otro. Spínola de manera delicada intenta incorporar a Justino de Nassau de su ligera inclinación al darle las llaves.
La actitud servil no tiene nada que ver con la humildad. La humildad es vernos como somos realmente y es un sello de la verdad. Las personas humildes reflejan la dignidad que tienen.
Hay personas que las conocemos como pelotas, porque hacen la pelotilla a sus jefes, alabándoles venga o no venga a cuento. En general, buscan alguna recompensa, ya sea un mejor puesto o cualquier otro beneficio. Su problema es que de tanto agacharse se les ve el trasero y las partes que esconden y que no quieren que se les vean.
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