Opinión | Miel, limón & vinagre
Sanae Takaichi, una 'ultra' en el Sol Naciente
La primera mujer que logra convertirse en primera ministra nipona arranca mandato con limitaciones al feminismo, provocaciones a China, aspiraciones de aumentar el gasto militar y el abrazo al trumpismo

Sanae Takaichi.
Ningún perfil de un personaje asiático sin que se cuele un proverbio. Los proverbios orientales vienen a ser como nuestros refranes, pero con la mística impostada de un anciano de pelo blanco y barba infinita. Siempre hay un proverbio para cada circunstancia. A pesar de su pretendida trascendencia, son como un horóscopo leído al azar. Lo mismo valen para un géminis que para un acuario. "Caer siete veces, levantarse ocho" —sentencia un proverbio japonés— suena mejor que "quien la sigue, la consigue", que, así expresado, parece dicho por un señor con boina. Hay gente que piensa que Murakami es mejor escritor que Javier Marías. Allá cada cual.
Japón acaba de elegir por primera vez a una mujer como primera ministra, Sanae Takaichi, nacida en Nara, de 64 años. Ha empezado fuerte soliviantando a su archienemigo chino al sugerir una intervención militar de Japón en caso de que China efectúe movimientos sobre Taiwán. "Aunque se necesite la espada una sola vez en la vida, es necesario llevarla consigo siempre". La cultura nipona está trufada de proverbios. China los inventa sobre la marcha: "Quien juegue con fuego, perecerá por el fuego", ha respondido a la bravuconada de Takaichi el ministro de Exteriores de Xi Jinping.
Ultranacionalista y con Margaret Thatcher como referente ("Mi objetivo es ser la ‘Dama de hierro’", manifestó poco antes de ganar las elecciones del 21 de octubre), Takaichi ha truncado las expectativas feministas aparejadas al hecho de que por vez primera una mujer lidere el imperio del Sol Naciente. Ha aparcado la histórica reivindicación de que las mujeres japonesas casadas no estén obligadas a adoptar el apellido del marido, defiende la ley que impide a las mujeres heredar el trono imperial y rechaza el matrimonio entre personas del mismo sexo. De los 18 ministros de su gobierno, solo dos son mujeres. Batería de una banda de 'heavy metal' en su juventud, en la última fase de la campaña electoral aplicó la sordina, con compromisos como que los honorarios de las niñeras sean deducibles de impuestos, exenciones fiscales para las empresas de cuidado infantil, ampliar los servicios hospitalarios para la salud de la mujer, dar a los trabajadores domésticos un mayor reconocimiento y mejorar las opciones de atención para los mayores.
Para contrarrestar el lema 'Japón primero' del partido soberanista Sanseito, su principal amenaza desde la extrema derecha pura, la líder del Partido Liberal Democrático de Japón y miembro de la organización ultranacionalista Nippon Kaigi, la mayor organización no gubernamental ultraconservadora y de extrema derecha del país, Sanae Takaichi ya ha avanzado sus primeras medidas de gobierno: la creación de una policía especial migratoria y reformar la Constitución para dar un mayor papel al Ejército, una aspiración recortada al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país que hoy gobierna su admirado Donald Trump estuvo a punto de mandar Japón al infierno. Eran los tiempos del militarismo expansivo nipón, primero con la invasión de la región china de Manchuria en 1931 y más tarde con la guerra de 1937 que acabó con la derrota nipona. Luego llegaron Hiroshima y Nagasaki, y el resto es historia.
La primera ministra responde a la idea que Occidente tiene de los japoneses y el tópico de que trabajan hasta la extenuación. En un país donde se atribuye a las jornadas laborales agotadoras el aumento de los casos de 'karoshi', o muerte por exceso de trabajo, Takaichi duerme entre dos y cuatro horas diarias. En una de sus primeras reuniones con su gabinete, convocó a los asesores a las tres de la madrugada para preparar una reunión que tendría lugar seis horas después.
Casada dos veces con la misma persona, primero en 2004 y de nuevo en 2020 tras divorciarse tres años antes, a la 'premier' japonesa le gusta el golf. Le regaló a Donald Trump el 'putter' que perteneció a Shinzo Abe, el exmandatario nipón asesinado en 2022 con quien el presidente estadounidense mantuvo una buena amistad. Trump ha dicho de ella que será "una de las más grandes primeras ministras" de Japón. Ella ha respondido que el año próximo propondrá de nuevo al republicano para el Premio Nobel de la Paz "por su mediación en distintos conflictos". "Coraje y jactancia no caben en la misma espada", dice otro proverbio japonés. Quien lo hubiera dicho hace 80 años.
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